¿Qué estás dispuesto a aceptar?

Diciembre 12th, 2008 by cleek

Siempre en martes es cuando empiezan las cosas entretenidas. Lo conocí en un bar de Polanco, era algo tarde, me invitó a bailar, todo un dios en la pista. Como era de esperarse terminamos en su departamento aventandonos el faje más espectacular de todo el universo. Estaba completamente dispuesto a dejarme cojer por este semental que trabajaba en un hospital. Me daba unos lametones especialmente entretenidos entre el escroto y mi ano que me hacían desear mucho más.

- Desnudate, quiero sentir todo eso de tí dentro de mi.

Me besó como pocas veces recuerdo que hayan sucedido, puso una muy torpe excusa y de algún modo me sacó de ahí. No entendí muy bien como había pasado, estaba suficientemente ebrio y realmente no había entendido nada de eso. Por suerte, me había alcanzado a dar su número telefónico para llamarle “solo en caso de emergencia”, recuerdo había dicho.

Obviamente este era un caso de emergencia, estaba malcogido.

- Quiero verte
- Yo no
- Por favor
- Creo que escuchaste la primera vez
- Por favor
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Todo de tí
- ¿todo?
- Por favor

Sencillo y burdo truco para seducirlos, siempre caen con ese diálogo. Llego a su departamento, no espero a que diga palabra alguna y en cuanto abre la puerta me lanzo sobre el como si la vida se me fuera en ello. Estaba obscuro, me sacó del lugar una vez más, no realmente entiendo como pero así pasó.

- Te necesito, de verdad te necesito
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Ya te lo dije, todo de tí. Por favor.

Me cita en su hospital a las once de la noche, no reniego y llego sin repelar. Lo veo y lo repliego a una de esas divertidas salas para parto que estaba libre ese día. Me sienta en la silla dispuesta para la futura madre y empieza la faena. Me besa, me muerde el lóbulo, lame mis labios y mi cuello, sigue bajando y desabotonando mi camisa. Llegas al botón de mi pantalón y me vuelve a preguntar:

- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- ¡¡¡ TODO DE TÍ !!!

Le grito y lo beso, supongo que es lo único que puedo hacer. Desabrocha el botón de mi pantalón con sus dientes. Me da la mejor mamada que haya tenido en toda mi vida. Dios sabe que no puede compararse. Termina limpiando los restos de semen que se escurrieron por la comisura de sus labios.

Lo tomo en vilo, no es tan ligero pero logro hacerlo. Lo arrojo al sillón de parto donde me acaba de hacer ver el cielo, paso mi lengua por todo él, por lo menos la parte exterior, voy desabotonandote la camisa con singular paciencia. Deteniendome a cada 5 cenimetros para disfrutarlo todo lo posible. Me acerco a mi deseado trofeo voy desabotonando su pantalón y me detiene en seco otra puta vez. Ahora ya no pienso aceptarlo, así me lo coja a la fuerza, hoy es el día.

Le doy un bofetón casi puñetazo que lo hace dudar, por alguna razón no grita, mejor para mí. Tomo sus manos y las ato con los cordones de seguridad que tienen esas sillas, no intentó luchar pero pude ver como se le escapaban unas cuantas lágrimas. Le ato los pies a los aditamentos pegados a la mesa dispuestos para tal fin, con una voz timorata y muchas más lágrimas me dice: “Por favor, no. Hay algo que necesitas saber”. Por supuesto que no le hago caso y con los brios y con la calentura que ya traía puesta, voy literalmente rompiendo toda su ropa. Finalmente llego a la parte que me interesa de él y con muy poco cuidado intento fallidamente romper sus pantalones, la única opción es quitarlos como es debido, no muy sencillo por la posición en la que lo dejé pero al final los pude quitar lo suficiente para tenerlo en boxers.

Acerco mi cara a sus boxers, voy pasando la lengua por lugares muy poco estratégicos. Cada vez su llanto se vuelve más molesto.

- Espera. – Me dice entre sorbidas nasales de moco y voz chillona entrecortada

Sabe que no me voy a detener, finalmente voy quitando sus boxers. Nunca había visto nada igual. No supe que hacer, la única cosa que no pude evitar fueron las arcadas y soltar un largo chorro de vómito que manchó mi tan, hasta hace un par de segundos, preciado trofeo. Ahora si escucho el llanto mucho más agudo, no puedo siquiera pronunciar palabra pero él toma la iniciativa en eso.

- Cuando era no muy chico, mis papás decidieron hacerme la circuncisión pero al doctor no sé que le haya pasado, hizo mal el corte y. – Ahí se soltó en inconsolable llanto.

Salí corriendo, intentó llamarme un par de veces esa semana pero no contesté entonces ni pienso hacerlo.


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