Crónicas de una serpiente

Agosto 9th, 2009 by poneja

El encuentro con la coneja

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Recuerdo la primera vez que le vi, era una serpiente preciosa. Me veía con una mirada maliciosa y yo, temblaba llena de temor. Era lógico, las serpientes, aunque más frecuentemente comen animales pequeños, también podían comernos. Y yo no podía más que aceptar ese destino. Ella se divertía con mi evidente miedo. Reía de mí.

-         Buenos días pequeña coneja. OH, lo siento  ¿te he espantado? – Dijo con una sonrisa llena de sarcasmo.

-         Bu-buenos días serpiente.

-         ¿Qué te pasa coneja?  – Abrió más su sonrisa enseñando sus colmillos llenos de veneno, lo cual me aterró de una manera descomunal.

-         Déjeme en paz serpiente, no le he hecho nada a usted.

-         Al contrario bellísima coneja, se ve usted apetitosa, así que no veo más remedio que comerla como desayuno.

Para el momento en que pronuncio estas ultimas palabras yo ya había salido corriendo despavorida, aun a sabiendas que esta me daría alcance pronto. No quería ser la comida de ese reptil sarcástico, de ninngo preferentemente.

La serpiente siseaba detrás de mi cuando deje de escucharla. Voltee cautelosamente a ver si la había perdido, pero lo que vi me dejo aún más asustada. Un águila, un águila estaba enfrente de la serpiente. Era definitivamente peor morir a manos de ésta que de la serpiente. De menos, el veneno de la serpiente habría matado pronto; pero el águila se entretenía con sus victimas, se entretenía con su comida. La serpiente era ahora la que estaba temblando de pavor. No podía dejarla así. Ni a ella podría desearle futuro más horrendo que ese.

Recordé de golpe que había cerca un hoyo de conejo. No era Mio, pero serviría. No se todavía como fue, pero golpe al águila en la cabeza, y mientras esta se distrajo por el leve dolor y la sorpresa, le hice señas a la serpiente y corrimos como nunca hacia el hoyo de conejo. Para cuando el águila se había dado cuenta de lo que había pasado, ya estábamos bajo tierra sanas y salvas… bueno sólo para la serpiente.

Después de recuperar el aliento, recordé seriamente que la serpiente seguía teniendo hambre. Volví a temblar de miedo

-         ¿Me vas a comer serpiente? Hazlo rápido por favor. No quiero que duela- Cerré los ojos esperando la mordida fatal.

-         OH conejita que considerada – Abrió la boca, se acerco a mi cuello, pero no sentí mordida alguna. Sólo un pequeño beso, deje de temblar – Soy una serpiente, pero no soy desconsiderada; me has salvado la vida de una muerte terrible, no puedo comerte. Me iré señorita coneja, pero estoy segura que la veré de nuevo.

Y se alejo siseando, y yo me quedé, sorprendida, pasmada. Sin saber que realmente que esa, sería una de las miles de sorpresas que me traería más adelante, mi hermana serpiente.

.: Poneja :.


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