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Corazón

Sábado, Junio 20th, 2009

Ángel estacionó su coche en la terminal de autobuses, acababa de oscurecer, no llevaba equipaje ni boletos ni prisa, sólo unos días pesados encima. Siempre que se hastiaba de todo, venía en busca de algo muy parecido a una terapia, esperaba que de alguna manera se le pegaran algunos de esos bonitos sentimientos que tiene la gente cuando va de viaje o lleva a un pariente o amigo al inicio de alguna travesía, se imaginaba que era él quien tenía un pasaje a algún lugar lejano y que alguien lo iba a esperar del otro lado. Se quedaba viendo los pequeños grupos de personas, imaginandoles amables y amorosos diálogos, les veía abrazarse y besarse, incluso les medía el cuanto se extrañarían unos a otros según la apertura de sus ojos y luego veía lo viejas que eran sus maletas. Se sentó en la sala de espera de las llegadas, esas siempre eran más alegres.

Una familia que abrazaba a su padre llegado de un viaje de negocios, los abuelos que recibían a su nieto para el verano; se fijó en un grupo de personas que se abrazaban muy seriamente, detras de ellos sale una chica, delgada, lindo cabello impecable, ojeras coquetas y unas cejas bastante pobladas. Le sonríe, le saluda y se dirige hacia él. Ángel se quedó tieso, no sabía cómo reacciónar, la chica seguía avanzando decididamente hacia él, apenas pudo preguntarse si lo estaría confundiendo cuando la chica lo abrazó y lo besó en los labios.

- Te he echado muchísimo de menos, no te imaginas. -Se quedaron mirandose a los ojos un par de segundos, él sin reconocerla y ella bastante alegre de verle.

- ¿Qué esperas? Vamos a casa -Tomó a Ángel de la mano, quien curioso y temeroso de romper el encanto se dejó llevar. Notoriamente sentía una atracción por esa mujer.

Subieron al auto y Ángel sólo condujo, no sabía si llevarla a su casa o que hacer ni hacia donde dar la siguiente vuelta, mucho menos se atrevía a decirle nada a la chica que tenía a su lado.

- ¿Algo anda mal? -dijo la chica mientras le clavaba en los ojos los suyos arrancandole del alma la respuesta.

- Sólo que estoy más que bien -Y dijo la verdad, condujo un par de minutos y la mujer señaló un motel.

- Vamos allá, a ese motel. Será lo mejor. -al terminar de escuchar estas palabras, Ángel sintió una opresión en el pecho, era la extrañeza de la situación, lo inverosímil de la situación, el caos.

Entró al motel, pidió un cuarto. Al entrar, la chica dice:

- Creo que no nos siguieron. Me doy un baño que huelo a viaje, orita platicamos bien. -El cada vez más confundido Ángel se quedó como piedra en medio del cuarto por un par de minutos intentando asimilar lo que pasaba, buscandole una explicación cuando vio el morral de la chica, lo dudó otro par de minutos y fue a curiosear. Miranda, venezolana, por lo menos eso decía su pasaporte. Parecía que la chica había estado por la mitad del continente en seis meses, le dió un escalofrío y regresó todo a su lugar. Se sentó en la cama hasta que Miranda salió del baño, se veía hermosa en esa bata, se sentó junto a él, parecía por cierto enrojecimiento de sus ojos que hubiera estado llorando.

- ¿Qué te contó Mario del grupo? -preguntó Miranda, a estas alturas Ángel ya estaba más que sofocado de la situación, de lo absurdo que todo se estaba volviendo y necesitaba respuestas.

- No sé nada, yo solo estaba en la terminal porque…

- Sí, entiendo -interrumpió Miranda-. Mario dijo que podía confiar en tí, así que te explicaré. Nos informaron que él pasaría por aquí en estos días.

- ¿Quién?

- Pues quien va a ser, el Amor. Ya sabes lo difícil que es encontrarlo, se creería que anda por todos lados pero casi nunca se deja ver. Los del grupo lo hemos estado buscando…

Mientras Miranda decía la sarta de tonterías con una seriedad de miedo, Ángel estaba a punto de reventar, se volvía loco por esa loca.

- ¿Y para qué lo quieren encontrar? -preguntó Ángel sorprendiendose al seguirle el juego.

- Para matarlo, acabar con el dolor y…

Y así siguió Miranda hablando por más de una hora, Ángel dejó de mirarla a la cara y se iba haciendo para atrás, lo más lejos que podía, buscaba esconderse. No dejaría que viera el brillo de amor en sus ojos, su naciente enamoramiento del que se estaba dando cuenta.

Después de la charla, Ángel se recostó en la cama. Habían sido demasiadas emociones, cerró los ojos. Miranda, calladamente apagó la lámpara y se acostó junto a él, lo abrazó hasta que se quedó dormido.

Ángel despertó un par de horas después por la voz de Miranda, quien discutía en la oscuridad por el teléfono. Seguía adormilado cuando sintió un par de manos huesudas que lo estrangulaban y le encajaban las uñas en el cuello.

Por reflejo empezó a patalear e intentar quitarse la sombra, arrojó a Miranda casi al otro lado del cuarto. Encendió la lámpara y se asustó al ver la cara de Miranda con los ojos casi desorbitados de violencia pero no de odio. En ese momento entendió que ella también había empezado a sentir algo por él, el beso en la terminal, el llanto en el baño; se reprimía, se reprendía, escondía la traición al grupo y su loca causa.

Mientras estaba distraido, Miranda tomó el cenicero de vidrio que estaba junto a la televisión y se lo lanzó pegándole en la frente. El golpe aturdió a Ángel lo suficiente como para no ver que Miranda se le acercaba, cuando le puso la mano en el hombro como arrepentida de lo que había hecho, Ángel le lanzó tremendo puñetazo que la noqueó. En ese momento se abrió la puerta de la habitación, entró un esquelético hombre que se hizo llamar Mario. Mario miró un par de segundos a Miranda, miró a Ángel a los ojos, sacó un bisturí de su abrigo negro y con una voz profunda y paternal dijo: “Sólo queremos tu corazón”.

Ángel ya no trató de escapar, ya no se resistió. Fue junto a Miranda, la abrazó y empezó a acariciarle el rostro, a jugar con su cabello. Casi no sintió cuando el bisturí lo empezó a cortar.


Jugamos al cíclope

Viernes, Febrero 13th, 2009

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Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Es un fragmento de rayuela (el capítulo 7). El libro entero habla del amor, como encontrarse sin buscarse. Pueden descargar más fragmentos leídos por el pinchajetas de Cortazar picandole acá.


Algo menos sutíl

Miércoles, Febrero 11th, 2009

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Ya que Sabines les dió entrada, pueden seguir con un disco hecho para coger, agarrar ambiente y no darle tregua a su personita especial. O sol@s, como mejor te acomode.

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Es una noche calurosa- el aire apenas se mueve – te sientes con dificultad para respirar … Un fino brillo de sudor cubre tu cuerpo, pero un peso aún mayor está sobre tí- Una fuerte urgencia parece venir desde lo más profundo de tu cerebro. Una pequeña, blanca luz cálida dentro de ti que crece, se hace más brillante y más brillante hasta que parece tener cada uno de tus pensamientos. Caminas lentamente sobre el armario / cajón / privado / caja y llegar a su interior, para alcanzar el objeto que te conduce. Sacas el objeto del cajón, caminas lentamente hasta la ‘máquina’ e insertas el objeto en ella. Mueves un pequeño interruptor, imágenes parpadean lentamente a la vida en la pantalla de la máquina y se transforma en el objeto de tus deseos y viene a la vida que se dibujan en las profundidades de tus fantasías. Una pulsación, conducida por el tipo de música que orquesta la intensa acrobacia en la pantalla. Estás preparado no sólo por las imágenes, sino también por la música, ese canto de sirena que te atrae más y más cerca a la realización de tu viaje. You have just entered ‘The Porn Zone’…

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Varios artistas hacen gala de su calentura para hacer Wakka Chikka  Wakka Chikka vol. 2 Porn Music for the masses.

Más información

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Si te gustó, puedes también descargar el Volumen 1


Los amorosos

Miércoles, Febrero 11th, 2009

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Puedes descargar el disco completo para que te de algo de inspiración en estos días. Sabines nunca falla.

Los amorosos

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se estan yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre- ¡ que bueno !- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.


¿Qué estás dispuesto a aceptar?

Viernes, Diciembre 12th, 2008

Siempre en martes es cuando empiezan las cosas entretenidas. Lo conocí en un bar de Polanco, era algo tarde, me invitó a bailar, todo un dios en la pista. Como era de esperarse terminamos en su departamento aventandonos el faje más espectacular de todo el universo. Estaba completamente dispuesto a dejarme cojer por este semental que trabajaba en un hospital. Me daba unos lametones especialmente entretenidos entre el escroto y mi ano que me hacían desear mucho más.

- Desnudate, quiero sentir todo eso de tí dentro de mi.

Me besó como pocas veces recuerdo que hayan sucedido, puso una muy torpe excusa y de algún modo me sacó de ahí. No entendí muy bien como había pasado, estaba suficientemente ebrio y realmente no había entendido nada de eso. Por suerte, me había alcanzado a dar su número telefónico para llamarle “solo en caso de emergencia”, recuerdo había dicho.

Obviamente este era un caso de emergencia, estaba malcogido.

- Quiero verte
- Yo no
- Por favor
- Creo que escuchaste la primera vez
- Por favor
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Todo de tí
- ¿todo?
- Por favor

Sencillo y burdo truco para seducirlos, siempre caen con ese diálogo. Llego a su departamento, no espero a que diga palabra alguna y en cuanto abre la puerta me lanzo sobre el como si la vida se me fuera en ello. Estaba obscuro, me sacó del lugar una vez más, no realmente entiendo como pero así pasó.

- Te necesito, de verdad te necesito
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Ya te lo dije, todo de tí. Por favor.

Me cita en su hospital a las once de la noche, no reniego y llego sin repelar. Lo veo y lo repliego a una de esas divertidas salas para parto que estaba libre ese día. Me sienta en la silla dispuesta para la futura madre y empieza la faena. Me besa, me muerde el lóbulo, lame mis labios y mi cuello, sigue bajando y desabotonando mi camisa. Llegas al botón de mi pantalón y me vuelve a preguntar:

- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- ¡¡¡ TODO DE TÍ !!!

Le grito y lo beso, supongo que es lo único que puedo hacer. Desabrocha el botón de mi pantalón con sus dientes. Me da la mejor mamada que haya tenido en toda mi vida. Dios sabe que no puede compararse. Termina limpiando los restos de semen que se escurrieron por la comisura de sus labios.

Lo tomo en vilo, no es tan ligero pero logro hacerlo. Lo arrojo al sillón de parto donde me acaba de hacer ver el cielo, paso mi lengua por todo él, por lo menos la parte exterior, voy desabotonandote la camisa con singular paciencia. Deteniendome a cada 5 cenimetros para disfrutarlo todo lo posible. Me acerco a mi deseado trofeo voy desabotonando su pantalón y me detiene en seco otra puta vez. Ahora ya no pienso aceptarlo, así me lo coja a la fuerza, hoy es el día.

Le doy un bofetón casi puñetazo que lo hace dudar, por alguna razón no grita, mejor para mí. Tomo sus manos y las ato con los cordones de seguridad que tienen esas sillas, no intentó luchar pero pude ver como se le escapaban unas cuantas lágrimas. Le ato los pies a los aditamentos pegados a la mesa dispuestos para tal fin, con una voz timorata y muchas más lágrimas me dice: “Por favor, no. Hay algo que necesitas saber”. Por supuesto que no le hago caso y con los brios y con la calentura que ya traía puesta, voy literalmente rompiendo toda su ropa. Finalmente llego a la parte que me interesa de él y con muy poco cuidado intento fallidamente romper sus pantalones, la única opción es quitarlos como es debido, no muy sencillo por la posición en la que lo dejé pero al final los pude quitar lo suficiente para tenerlo en boxers.

Acerco mi cara a sus boxers, voy pasando la lengua por lugares muy poco estratégicos. Cada vez su llanto se vuelve más molesto.

- Espera. – Me dice entre sorbidas nasales de moco y voz chillona entrecortada

Sabe que no me voy a detener, finalmente voy quitando sus boxers. Nunca había visto nada igual. No supe que hacer, la única cosa que no pude evitar fueron las arcadas y soltar un largo chorro de vómito que manchó mi tan, hasta hace un par de segundos, preciado trofeo. Ahora si escucho el llanto mucho más agudo, no puedo siquiera pronunciar palabra pero él toma la iniciativa en eso.

- Cuando era no muy chico, mis papás decidieron hacerme la circuncisión pero al doctor no sé que le haya pasado, hizo mal el corte y. – Ahí se soltó en inconsolable llanto.

Salí corriendo, intentó llamarme un par de veces esa semana pero no contesté entonces ni pienso hacerlo.


Un ruido en el pasillo

Sábado, Octubre 11th, 2008

Un ruido en el pasillo, la enorme sala alumbrada por una chimenea no hacía realmente emocionante el ir a revisar el oscuro pasillo para ver que el gato estaba molestando para entrar, bueno, nunca está de más ir a estirar un poco las piernas. Te levantas, rodeas tu cómodo sillón, directo a la puerta, sin dudarlo. Giras el picaporte y al abrir te recibe un sartén en la cara, apenas sientes como va fluyendo la sangre de tu ya rota nariz cuando te desvaneces al sentir el golpe de tu cuerpo contra el piso de marmol italiano que orgullosamente le presumes a todas tus visitas.

Despiertas amarrado al sillón y tres niños con disfraces de día de muertos frente a tí, supongo que esperando a que despiertes. Sigues mareado de sendo golpe de hace un rato, notas al pequeño frankenstein, un mini-drácula y una momia de bolsillo hecha de papel higienico. Tontamente preguntas qué es lo que quieren, después de un par de segundos de enfoque, reconoces a los peques. Jaime (jaimito) con el disfráz de Frankenstein, el hijo de la señora Ochoa, que se había conseguido un marido (la señora Ochoa) pudiente que por tradición había vivido toda su vida en esa colonia. José (chulito, nadie recuerda como se le había quedado ese mote), mini-drácula, hijo de los señores Ortega que después de pasar un muy mal rato en la devaluación del 94 pudieron salir adelante a base de comprehensión y mucho trabajo duro. Y finalmente Jorgito (sin apodo), hijo de los Morales, familia simple, todos usan lentes. Este grupo de pequeños monstruos solo gritan: “¡Venganza!”

Nunca esperaste todo esto, bueno, nunca realmente. Todas esas veces que ellos te pedían que les devolvieras las pelotas que caían en tu jardín, cuando los atrapabas saltandose la barda les arrojabas lo que tenías más a la mano. Sabías que no era muy bueno hacer eso pero ellos tampoco tenían derecho de arrojar cosas a tu propiedad, tu estabas en todo tu derecho. Hasta ahora, claro. Ahora realmente te arrepentías de haber lanzado todos esos males sobre los malditos niños, ahora realmente te arrepentías de no haberlos matado cuando tuviste la oportunidad.

Martillo directo a tus rodillas cortesía de la momia, gritas con toda el alma, solo escuchas risas. El mini-drácula se dedica a morder tu cuello hasta lograr hacerte sangrar, no demasiado, esperan divertirse un poco más contigo. El pequeño Frankenstein se dedica, con una paciencia sobre humana, a poner agujas bajo tus uñas, agujas en tus encias, agujas en tu naríz. Gritas pero nadie viene a ayudarte, hablar es bastante inútil y doloroso. Mini-drácula toma un leño ardiendo de tu chimenea y lo empieza a pasar por tu cara, intentando mantenerlo un poco más cerca de las agujas para que sientas el calor dentro de tu carne, finalmente te abren la boca y el leño ardiente termina en tu garganta ahogandote. Poco antes de que pierdas el conocimiento lo saca para seguir con el juego.

Te dejan descansar cerca de veinte minutos, descansar de su presencia porque las agujas te dañan demasiado al más mínimo movimiento. Se acercan con sus pequeñas y malévolas sonrisas, Frankenstein tiene ese maldito martillo, un golpe directo a tu estómago, apenas puedes respirar, la momia con un pequeño cuchillo empieza a hacerte pequeños cortes por todos lados, mini-drácula muerde donde han sido esos cortes y se relame la sangre. Ya estás desesperado, solo quieres que todo esto acabe, y como si te escucharan, deciden terminar con el juego de una vez por todas.

Mini-drácula toma un clavo y lo coloca sobre tu cabeza, Frankenstein Apunta el martillo y lo lanza en seco. De golpe despiertas, todo ha sido un sueño. Con la respiración más que agitada, suspiras profunamente aliviado, de repente un ruido en el pasillo.


Tus ojos (final alcoholico)

Martes, Septiembre 23rd, 2008

Como podia olvidar tus ojos, esos ojos que en los que me perderia todos los dias de mi vida, en los que podia vivir en mi sueño, mi uelo e estar siempre contigo, o almenos eso crei, hasta que llamaste, un ida como cualquier otro para decirme que te irias a vivir lejos, y que no querias seguir a mi lado.

No era posible eso, no podias quitarme lo que era mio por derecho, yo vi primero esos ojos, yo los ame, y solo devian de verme a mi.

Recuerdo que ese mismo dia, arranque el telefono de la pared, y cerre mi casa con llave, no volveria a ver tus ojos, no volveria ver los ojos de nadie mas, ni siquiera los mios propios.

Lo intenté, vaya que lo intenté, iba a tu casa armandome de todo el valor posible para tocar tu puerta y pedirte explicaciones. No funcionaba, al estar mi puño a cinco centimetros de golpear tu puerta me acobardaba.

Salía corriendo, llorando, pensando en todo lo que vivimos. Los atardeceres en la torre latinoamericana seguidos de una ópera en bellas artes, un paseo por los antros de insurgentes, la condesa.

Mi esquizofrenia iba creciendo dia con dia, incluso tuve que ir a ver a un psicólogo, muy pulcro, siempre de traje, me desagradaba en varios aspectos pero no veía otra solución. Me animaba a que te confrontara, hasta que lo logró.

Claro, no fue absolutamente nada agradable, en especial por que ese dia habia tomado como estupido…estupidamente tome el consejo del psicologo, claro el definitivamente no queria que tomara, mucho menos que llevara mi navaja…

Asi que después de la juerga, llege a tu casa y toque como desesperado hasta que logre sacarte de tus casillas y que bajaras a hablarme, despues de acusarte de todo lo que podia acusarte y de amenazarte, termine llorando en tus piernas, arrepentido de todo lo que habia dicho antes

Sabías que eso es lo que tenía que pasar, no podía ser de otra manera. Nunca he podido ser demasiado agresivo contigo, aunque también sé que eso es lo que quieres. Siempre termino disculpándome, arrodillandome y humillándome ante tí.

Me hinco y miro a tu cara, tus ojos, esos ojos que por derecho me pertenecen. No puedo pensar en otra cosa, tus ojos empiezan a llenar todos y cada uno de mis pensamientos, son lo único que puedo ver, son la única cosa en el mundo.

Te lanzo un grito desgarrador, sabes que no puedo quitar mi vista de tus ojos, me lanzo sobre tí, te sostengo contra el piso, te digo cuanto te amo, cuanto te necesito, cuanto necesito esa mirada por las mañanas mientras tienes tu cabello alborotado. Te necesito.

Te necesito tanto, digo entre sollosos, mientras tu inicias a llorar, no puedes estar llorando, no con esos ojos, no debes de ser tú triste, siento como algo dentro de mi se rompe, que el tiempo deja de girar, no puedo ver esos ojos, no de esa manera. Saco mi navaja, no me iré de aquí sin venganza, gritas horrorizada, era de esperarse, nunca me habias visto con algo con lo que pudiera hacerte daño en las manos, vuelvo a tus ojos, ahora hay miedo en ellos, y de nuevo siento frio mi cuerpo, no te voy a lastimar, lo prometo, digo en un suspiro

No te voy a lastimar y es verdad, me armo de valor y la navaja va directamente a mi ojo izquierdo, no puedo verte sufrir y es mejor no verte. Gritas nuevamente mientras el enorme chorro de sangre te cubre.

Me duele demasiado, pero no tanto como para soltarte, la sangre sigue cubriendote la cara, la ropa. Sigues gritando y te digo confeso que venía aquí por venganza, no podía soportar que alguien te hubiera dañado de esa manera, ni siquiera yo.

De cualquier modo, mi intención siempre fue protegerte de cualquiera que intentara hacerte daño, nunca pensé que alguna vez tuviera que protegere de mi mismo. Te veo, estas asustada de lo que yo pueda seguir haciendo, seguirte haciendo. No lo tolero, no me tolero. Mi respiración ya de por si agitada está a punto de parecer insoportable, no tolero haberte hecho eso, te beso con pasión, tienes ese sabor a hierro que tiene la sangre, me evitas, no tolero que esto deba ser así. Con la navaja, te corto el cuello, de lado a lado, ahora o soy quien se mancha con tu sangre, no importa, debe ser el néctar de los dioses que me baña por fin. te beso y ahora parece que no tienes fuerza para evitarme, con un dedo tomo un poco de tu sangre y la pruebo. Los dioses deben estar celosos de tu sabor.

Me tranquilizo y veo lo que hice, no soporto el hecho. Te maté, te maté. La navaja pasa de lado a lado de mi cuello. caigo sobre ti y el enorme charco de sangre que hemos hecho juntos. Juntos.


108 días (I)

Miércoles, Septiembre 17th, 2008

Introducción, que no tiene nada que ver con el cuento donde los amenazo para que empiecen a comentar:

Muy bien, ha llegado el punto crucial donde ustedes dan algo de retroalimentación al sitio. Por supuesto, no espero que sea algo gratuito, sino que espero darles algo a cambio. ¿que puedo tener yo que ustedes quieran? Una muy divertida imaginación y una amenza. Así que, empiezan a dejar comentarios o yo no dejaré de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono, no es broma. Aunque realmente creo que debería ser al revés, si, al revés es mejor. Empiecen a comentar o dejo de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono. Y ahora si, disfruten el cuento de hoy.


Estaba con los ojos vendados, en un sótano himedo, con las manos atadas a algo que debiera estar colgando en el techo, cadenas colgaban de mis pies, desnuda, con mi sexo ya lastimado por haber estado tantas horas sobre el borde de madera de algo que seguramente pasaría por un potro que se me encajaba miserablemente, intentando mantener el equilibrio lastimandome lo menos posible, cada movimiento era bastante doloroso. De repente escucho como se abre la puesta.

- Déjame salir.- Alcancé a refunfuñar poco antes de sentir un latigazo en los senos que me hace gritar.

- No te dí permiso para que hablaras.- Recalca mi amo, me da un par de nalgadas que casi me hacen perder el equilibrio.

- Ay minita, apenas llevas un día aquí, es normal que no te sientas a gusto aún, pero quedate tranquila que yo me voy a encargar de tí. Me encargaré de todas tus necesidades, tu alimentaci´n, tu aseo, tu goce, tu educación.- Decía mientras me pasaba una mano por el pelo y la otra acariciaba mi sexo, que con la sobre sensibilidad que me había dado el estar tantas horas sobre ese trozo de madera, me causaba daño hasta ese minusculo roce.

Intentaba moverme para esquivar su tacto, pero eso era mucho más doloroso. No tenía opción sino quedarme lo más quietecita posible. Me quitó las amarras de los brazos y me bajó del potro para lanzarme al pegajoso piso del sótano, caí boca abajo, intenté levantarme pero mis brazos no tenían fuerza y mi sexo lo sentía en carne viva, sin mencionar que todavía tenía la venda en los ojos.

Él se hinca y empieza a decirme palabras dulces, me empieza a pasar la lengua por las mejillas, por mis labios, mis lóbulos. Sigue lamiendo todo mi cuello, de arriba a abajo, continuando por el centro de mi pecho, por el canalillo entre nis senos, dejando que el azar decida su siguiente ruta, el azar marca mi pecho izquierdo, lo hace en espiral hasta llegar a mi pezón, lo lame en circulos por un largo rato. No ha metido ni las manos. Suavemente roza mi pezón con sus dientes, empieza a notarse mi respiración agitada, va aumentando la presión con sus dientes hasta que empiezo a sentir dolor, me quejo y se detiene.

- Te está gustando ¿verdad?. Me dice. Asiento con la cabeza.

- ¿Lo estás disfrutando?.- Vuelvo a asentir.

Me da sendo bofetón que me hace titubear. – Y ¿cúando me pediste permiso para disfrutarlo?.- Me dice casi gritando. Yo no entiendo nada, primero me atiende con tal suavidad y luego me golpea.

- Como esta es tu primera ofensa, será perdonada, pero aún así, has de entender que solo estás aquí para el disfrute de tu amo en turno, a quien le debes el mayor de los respetos, quien sea tu dueño no es solo eso, es tu dios. Tú no tienes el derecho sobre tu goce, ese también pertenede a tu amo. Puedes, si tu amo lo permite, disfrutar junto con él y como él te lo pida.- Me decía mientras acariciaba mi sexo.

- Pero ya aprenderás las reglas, que para eso estoy yo aquí.- Continuó mientras me iba introduciendo un dedo.

- Hoy será el entender que todo tu goce no es tuyo, aprenderás a controlarlo. Así que no quiero que por ningún motivo vayas a correrte. A menos que yo te diga que puedes hacerlo.- Decía mientras ese dedo se habían convertido en dos, escarbando en mí.

Me dió un par de golpes a palma abierta en mi coño y me llevó a gatas a través del sótano a otra habitación donde había una silla. La silla estaba en el centro de la habitación, tomó un par de cuerdas y me hizo sentarme ahí. Ató mis manos a mi espalda y mis pies en la silla de manera que toda yo quedaba a su disposición, ofreciendome.

Encendió un par de velas aromáticas que dejó a mi lado, sacó un par de consoladores y los dejó junto a las velas. Comenzó nuevamente su ataque. Me empezaba a pasar la lengua por el vientre, mientras me acariciaba los brazos, las piernas, los senos. Del vientre subió a mis pechos y nuevamente mordía mis pezones, ahora con más fuerza, intentaba no gritar.

Empezó a acariciar mi sexo con firmeza, me pasaba la lengua al rededor de los ojos, me mordia el cuello con la fuerza suficiente para que no gritara, me empezó a besar, a esasa alturas con la excitación que me había producido, no dudé en contestar ese beso como debía, seguía acariciando mi sexo intentando introducir un dedo.

Ese dedo se convirtió en dos, y el morreo que me estaba dando hacía bastante obvio que necesitaba más. Empezaba a sentirse el aroma de las velas. Me dejó para bajar con su lengua hasta mi sexo. Lo lamía lento, de arriba a abajo.

Luego en círculos, por un largo rato. Sus manos se entretenían con mis pechos. Finalmente se decidió a empezar con mi clítoris. Le daba pequeños estoques con su lengua para luego succionarlo con tal fuerza que apenas si podía contenerme, lo ponía entre sus dientes y sus labios haciendo una especie de vuelta que me estaba volviendo loca. Cuando notó que estaba a punto de venirme, se detuvo, me miró a los ojos y dijo. – ¿No te dije que no quería que te corrieras?

Me soltó un bofetón que me levantó con todo y silla.

- Ahora verás que no debes desobedecerme.- Decía. Yo solo podía llorar y gritarle que no me hiciera daño.

- Intentaste desobedecerme y eso te merece un castigo.- Decía con una malévola sonrisa.

- Déjame ir, te lo suplico.- Me calló con otro bofetón argumentando que tampoco le había pedido permiso para hablar. Tomó las velas y empezó a derramar cera caliente sobre mis senos, yo gritaba y al mismo tiempo era callada por su amenaza de que no siguiera o me iría peor.

Seguía derramando cera caliente sobre mis senos, inclinó un poco la silla para empezar a derramar cera sobre mi sexo. Grité y grité y el continuaba.

- Para que entiendas que no es broma. Y la próxima vez empieces a controlarte. ¿yá se te bajó la calentura?.- Me pregunta, era claro que si. Muevo la cabeza en forma afirmativa.

Me desata de la silla y me lleva a la pared del fondo, hay unos grilletes suspendidos y me los coloca, quedo viendo a la pared. Mis pies tambien son atados y quedan separados. Va por los consoladores y me los empieza a tallar por la espalda, por las nalgas, por las axilas, mi cuello. Lo hace con demasiada fuerza, me lastima. Se hinca y empieza a morder mis nalgas mientras no deja de pasar el consolador por todo mi cuerpo, con la otra mano empieza a separar mis nalgas y lame mi ano.

Lento y en círculos, me parece que tiene una afición por los círculos. Intenta introducir su lengua deja el consolador en el piso e introduce un dedo en mi vagina. Mete y saca el dedo, su lengua, introduce otro dedo en mi vagina, quita su lengua de mi ano e introduce un dedo. Muerde mis nalgas con violencia, grito y afortunadamente ahora no le ha dado tanta importancia.

Mete otro dedo en mi ano y saca los de mi vagina, toma el consolador y lo mete. Lo siento entrar y salir, se levanta y pasa una mano por delante pare seguir el mete y saca del consolador mientras que siento su miembro erecto entre mis nalgas. Continua largo metiendola en mi ano, sin descuidar el consolador y mordiendome el cuello. Mis jadeos son clara señal que otra vez estoy a punto de terminar.

Lo nota y me dice.- ¿quieres que te castigue otra vez por intentar correrte sin mi permiso?

- ¿puedo correrme esta vez? Amo, por lo que mas quiera, déjeme déjeme esta vez.- Le suplico.

- Ya vas aprendiendo, tienes mi permiso.- Al oir esas palabras me corro como contadas veces lo había hecho en mi vida.

El no se detiene, sigue metiendomela en el ano y con el consolador en mi vagina por un largo rato más. Llegó un punto donde no pude soportarlo y le grité que parara. Me calla con un par de nalgadas que me vuelven a hacer gritar y reconsiderar la opción. Finalmente termina dentro de mí. Agradezco que salga de mi cuerpo.

- Vas aprendiendo bien para ser tu primer día, pero no puedo tolerar que hayas osado darme la orden de que me detuviera. Por eso, te quedarás ahí hasta que hayas aprendido la lección.- Dice mientras sale del cuarto, dejandome con las manos y pies atados por grilletes.

De eso hace 3 días, solo viene para darme agua y algo de alimento, preguntandome cada vez si es que yo ya he aprendido la lección. Mis muñecas estan sangrando por los grilletes, es peor cuando me quedo dormida. Ya he aprendido la lección.


Nuevo diseño

Sábado, Septiembre 13th, 2008

Pues ya he dejado de hacerme pendejo con el diseño y ha quedado listo (nadamás me tardé una semana, que pena). De cualquier modo está lindo ¿verdad?. Todo para que se animen a venir con regularidad, y con la confianza de que lo que hacemos lo hacemos mientras estamos bajo los efectos etílicos del alcohol (de hecho ha sido pisco que me encontré guardado hace como 4 años en una caja).

Nada, simplemente eso, presumirles el diseño. Saludos.

P.D.: @poneja ¿dónde estás que no te veo?  ¿ya viste que ahora no me hice guey?


Finalmente regresarás a mi

Viernes, Septiembre 12th, 2008

Empezaba la primavera. Esa épocas en las que ves parejas reunirse no porque quieran conocerse, sino por esa misteriosa ecología que hace que funcione esta ciudad. ¿Amor a primera vista? pura mierda. Eso solo sirve para vender películas a niñatas que han sido maltratadas por los hombres en su vida y necesitan una retro-proyección de sus ideales masculinos porque no pueden aceptar que se les ha hecho tanto daño
que su única solución es la dulzura que no entienden que solo otra mujer puede darles.

Siempre te he mentido de que recuerdo como te conocí, estabamos demasiado drogados esa noche. Me gustaba creer que dios por fin me compensaba por todas las que me debía, cada que te veía era una nueva aventura, nos compenetrabamos tan sorprendentemente. Tú decías -Hola. Y yo sabía que significaba: “No digas nada, ha sido un día horrible. Vamos a tu cuarto a coger hasta que me cambie el humor o te desmayes, hoy no pienso ser amable”

Entrabamos en tu cuarto. Tu madre, supongo, se preguntaba (o se le antojaba) lo que hacíamos ahí dentro, durante tantas horas. Me besabas, a veces no me dejabas incluso respirar y tenía que apartarte, eso te molestaba mucho y me abofeteabas. Más que molestarme, sabías como me prendía que me golpearas, no podía gritar mucho pero si lo suficiente para que supieras cuanto me gustaba. Ya que veías que estaba sometido, me decías: “chúpamela”. De rodillas, como buena perrita que soy, iba hacia tí, te bajaba los pantalones y empezaba a lamerlo, con gusto, despacio, desde la base hasta la punta, una y otra vez. Mojaba mis labios con tu pre-sémen y así seguí por bastante rato hasta que me empezaba a doler el cuello.

Cuando empecé a bajar el ritmo, entonces, empezaba a notar tu exitación, eso me daba ánimos para seguir, sigo metiendomela en la boca, empiezo a sentir tus espasmos, susurras mi nombre: “esteban, ESTEBAN!!!!”. Te corres en mi boca, siento el sabor ácido y salado de tu esencia, lo trago como sé que te gusta.

Me levantas en vilo, siempre has sido musculoso y yo no soy precisamente robusto. Me arrojas a tu cama, rapidamente me quito la ropa. Recuerdo la última vez que no me la quité rápido, terminaste rasgandomela y luego yo no sabiendo como salir de tu casa con solo media playera y ni hablemos de los pantalones. Me quito la playera, me quito los pantalones. Me quedo boca abajo con los boxers, que sé que te encanta quitarme.

Te me acercas, siento tu alienteo en mi espalda, siento tus besos en mi espalda, lentos, delicados, sabes cuanto odio que te tomes tu tiempo, ahora soy yo quien te quiere denreo YA!!!.

Finalmente me das tregua y me quitas los boxers, muerdes mis nalgas, siento tu barba y me encanta. Me separas las nalgas con tus manos, lentamente empiezas a lamer mi ano, me encanta. Solo atino a retorcerme, me volteas y levantas mis piernas, me empiezas a dar la mejor mamada de mi vida mientras introduces un dedo en mi ano. Continua la mamada y ese dedo se convierte en dos, luego tres. Y aún así sigues dandome placer con tu boca. A cada vez que la chupas, siento tu barba raspando mis huevos, cada vez que notas que estoy a punto de correrme, bajas la intensidad para retomarlo con una sorprendente energía.

Me levantas en vilo otra vez y me dejas hincado en tu cama, dejandote una gran vista de mi culo, listo y completamente a tu disposición. Te grito en la medida de lo posible: “Mételo YA!!! YAAAA!!!”. Despacio, me besas el cuello y me dices: “No, no te la voy a meter”. Me consterno, me altero, pienso en golpearte, no puedes hacerme eso, me calientas para nada!!!. Mientras intento voltear y recriminarte, siento como me la metes de un solo empujón, eso no lo esperaba. Como te adoro. Doy un grito que estoy seguro que escuchó tu madre en el cuarto cruzando apenas el pasillo. Como te adoro. Me empiezas a dar tu virilidad de una manera ruda, varonil, sin compasión. Sabes que eso me encanta.

Me empiezas a dar con tal fuerza que apenas si puedo mantenerme callado, tomas mi verga y me empiezas a masturbar lentamente mientras me das la tuya con una rudeza sin igual, no entiendo bien como puedes tener tanto control.

Eyaculo una vez más sobre tu almohada y tu dentro de mí. siento tu semen en todos los intestinos, recorriendome, limpiandome. Terminamos rendidos, caigo sobre la cama y tú sobre mí, nos quedamos dormidos todavía yo con tu pene flácido dentro de mi culo.

Fué bastante fuerte, despertamos un par de horas después. Te digo cuanto te amo y tu te quedas callado, sé que lo dices pero no emites sonidos, no te es posible decir esas palabras en ese orden. Nos quedamos recostados y suena tu teléfono.

-Teléfono de Heberto, ¿quién habla?

-Andrea, ¿está Heberto por ahí?

-Si, te lo paso. Te paso el teléfono y noto como va cambiando tu expresión, noto ese brillo en tus ojos.
Mi cara empieza a desencajarse, la amas, LA AMAS!!! LA ODIO!!! Empiezo a golpearte, el teléfono sale volando por quien sabe donde. Me agarras los brazos y me pones contra la cama, me besas, me rehuso, lo sigues intentando hasta que me pones en una posición donde no puedo evitarte.
Correspondo tu beso, no me importa compartirte, no me importa que tus labios me sepan a veneno cada vez que sé que la ves a ella. Finalmente regresarás a mi.