Pandilla Gomitas 1
Lunes, Mayo 17th, 2010Pandilla gomitas
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Introducción
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Nombre clave: Pandilla gomitas
Asociación encargada de resguardar los secretos de las gomitas.
¿Lugar?
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Era un callejón obscuro en la noche, nos había estado observando. Sabía que era la última, no podía dejar que él tuviera en su poder, no, ni siquiera me atrevía a completar aquel pensamiento. No debía, tenía que seguir mi camino sin la pandilla, no podía dejar que todo lo que habían pasado fuera en vano.
Tenía en mis manos lo que habían estado buscando, un sobre. Un solo sobre había causado tantos problemas. Tenía que haberlo presentido desde aquel día en que escribí, “¿en donde están pandilla?” sin respuesta alguna.
Escuche un ruido en el fondo del callejón. Me levante de golpe, apreté el sobre contra mi pecho arrugándolo. Tenía que huir de ahí…
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Capitulo 1
El Señor del Smoking
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Le recuerdo, ahí encerrado en aquel vagón de tren que lo llevo lejos, esperábamos que un mejor lugar.
La primera vez que nos vimos fue en la base del centro, cerca de la casa de los mojitos que gracias al interés colectivo se volvió casi parte del trabajo diario. Acababa de ser reclutada en secreto. No sabía absolutamente nada del lugar ni de lo que pasaría después.
En aquel momento me acababa de graduar de la universidad, hacía mi primer trabajo con la ilusión de estudiante todavía. No sabía que ese seria no sólo mi primer trabajo sino también el último que tendría.
Me recibió en la entrada de aquel edificio viejo, con elevadores viejos el que llamaban de sobre nombre “el lobo” y no mentían, sí parecía un lobo. Con una sonrisa de intriga me saludó cortésmente y me llevó al sótano en donde abrió de la nada (y para mi gran sorpresa) un armario… ¡¿Qué hace un armario en el sótano?! De adentro del armario presionó algo que me pareció que era un libro, amor en tiempos del cólera (después me entere que eso había sido a causa del oso) y se abrió otra puerta, quedé atónita con la boca abierta. Esto iniciaba a parecer narnia más que un trabajo real. Tenía tantas preguntas estúpidas en ese momento pero el lobo sólo avanzó en silencio llenándome de más dudas. Caminamos por largos pasillos llenos un absoluto blanco.
Después de lo que se me figuraron horas llegamos a una puerta con una ventana como los que son de investigadores privados con las siglas P.G. El lobo amablemente me hizo pasar a una sala de conferencias con unas 7 u 8 sillas adentro. Me dijo que esperara ahí y que pronto volvería.
Estaba revisando el cuarto extrañamente simple cuando entro con unas 5 personas que llenaron con un “buenas tardes” la estancia. Uno de ellos, muy elegante, con esmoquin traía unos papeles que me pasó y me pidió que los llenara. Eran exámenes psicométricos, como odiaba esos malditos exámenes, siempre me tachaban de loca o de demasiado todo en realidad en ellos.
Daba ya por muerto el trabajo, terminé de llenarlos en un principio con nervios y después con resignación. Se los regrese al señor con el smoking y esperé paciente a que terminaran de calificarlos. Salieron todos después dejándome en un con un nudo de un sentimiento nulo por la resignación.
Regresaron nuevamente. Se miraron a los ojos como conspirando. Sonrieron al unisonó. El señor del smoking, con una sonrisa que no cabía en sí, me dio la mano y me dijo:
-Felicidades, acaba usted de llenar todos los requisitos necesarios para este trabajo. Esta usted completamente loca.
Un poco indignada, me le quede viendo sin saber si sonreír, llorar, gritar o salir corriendo de ahí lo más pronto posible.
Gracias al cielo terminé aceptando antes de que algo más saliera fuera de lo “normal”, claro que eso fue en parte más por la gran paga y las grandes cuentas que desbordaban en mi cartera, que por el encanto de la palabra “loca”. Cómo recordaría esa palabra de su boca en muchas misiones tiempo después.
Después de que pasara por un mar de cosas estilo Hombres de negro, exceptuando por el que me quitaran mis huellas digitales claro, termine inscrita en la asociación más extraña y secreta del mundo. La pandilla Gomitas.
En realidad se llamaban G.O.M.I.T.A.S, el porqué de las siglas nunca me fue dicho pero asumí que era porque todos adoraban a las gomitas, de todas maneras me pareció el más correcto en todo momento. Terminaron siendo una pandilla por la gran amistad con la que llevaban el trabajo e incluso una familia… una bastante extraña.
El señor del smoking, después de haberme inscrito en la base de datos, me encamino hacia el centro de la base, en donde se encontraban los dormitorios. Cada integrante del grupo tenía una habitación propia. Pasamos por un largo pasillo que me recordó a un lujoso hotel, con exquisito gusto. Me pareció curioso que cada puerta, en lugar de tener un número, tenía una placa con dibujos diferentes. El señor del smoking me enseño una puerta en donde la placa había un pingüino saludando, diciéndome que ese era su cuarto. Había otro cuarto con un lobo en la placa, y varios otros que en el momento no fije mi atención.
Al final del pasillo había una puerta sin placa alguna, el señor del smoking me entregó una llave y me dio instrucciones de qué hora seria el desayuno y pasaría por mi temprano para llevarme al comedor. Se despidió muy solemnemente y con una sonrisa suspicaz.
Lo observé hasta que desapareció de mi vista pensando en que ese era el hombre más extraño que había conocido en mi vida. Sintiendo el peso del cansancio de golpe, abrí la puerta llevándome la sorpresa de mi vida. Entre a un cuarto no sólo increíblemente lujoso sino lleno de porquerías.
Parecía ser el cuarto de los telebrejos, como lo llamamos en mi casa. Estaba lleno de cosas extrañas, tela, papel, pintura, canapés, cera, incienso, carpetas, alfombras enrolladas y mil cosas más. Encima de la cama, extrañamente libre de tantas cosas, sólo se encontraba una caja con un moño encima. Me acerque al extraño paquete y tome una carta perfumada alado de la caja:
Disfruta tu nueva vida
Te quiero
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No tenia firma… ¿Seguro que era para mí este regalo? Mire de reojo la caja, no pude resistir la tentación de si era mío o no y destroce el papel y avente el moño lejos. Una maquina de cocer. ¡¿HUH?! Ok, No intenté pensar más, este día había sido al extremo de extraño y lleno de retorcidos detalles. Quité la máquina de coser, la cual por cierto tenia grabado el nombre de Fufupapachón en la funda, me cambié, puse el despertador y cerré los ojos, soñando con pingüinos educados y lobos comiendo gomitas.
Continuara…
.:Sofia:.

