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Crónicas de una serpiente

Domingo, Agosto 9th, 2009

El encuentro con la coneja

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Recuerdo la primera vez que le vi, era una serpiente preciosa. Me veía con una mirada maliciosa y yo, temblaba llena de temor. Era lógico, las serpientes, aunque más frecuentemente comen animales pequeños, también podían comernos. Y yo no podía más que aceptar ese destino. Ella se divertía con mi evidente miedo. Reía de mí.

-         Buenos días pequeña coneja. OH, lo siento  ¿te he espantado? – Dijo con una sonrisa llena de sarcasmo.

-         Bu-buenos días serpiente.

-         ¿Qué te pasa coneja?  – Abrió más su sonrisa enseñando sus colmillos llenos de veneno, lo cual me aterró de una manera descomunal.

-         Déjeme en paz serpiente, no le he hecho nada a usted.

-         Al contrario bellísima coneja, se ve usted apetitosa, así que no veo más remedio que comerla como desayuno.

Para el momento en que pronuncio estas ultimas palabras yo ya había salido corriendo despavorida, aun a sabiendas que esta me daría alcance pronto. No quería ser la comida de ese reptil sarcástico, de ninngo preferentemente.

La serpiente siseaba detrás de mi cuando deje de escucharla. Voltee cautelosamente a ver si la había perdido, pero lo que vi me dejo aún más asustada. Un águila, un águila estaba enfrente de la serpiente. Era definitivamente peor morir a manos de ésta que de la serpiente. De menos, el veneno de la serpiente habría matado pronto; pero el águila se entretenía con sus victimas, se entretenía con su comida. La serpiente era ahora la que estaba temblando de pavor. No podía dejarla así. Ni a ella podría desearle futuro más horrendo que ese.

Recordé de golpe que había cerca un hoyo de conejo. No era Mio, pero serviría. No se todavía como fue, pero golpe al águila en la cabeza, y mientras esta se distrajo por el leve dolor y la sorpresa, le hice señas a la serpiente y corrimos como nunca hacia el hoyo de conejo. Para cuando el águila se había dado cuenta de lo que había pasado, ya estábamos bajo tierra sanas y salvas… bueno sólo para la serpiente.

Después de recuperar el aliento, recordé seriamente que la serpiente seguía teniendo hambre. Volví a temblar de miedo

-         ¿Me vas a comer serpiente? Hazlo rápido por favor. No quiero que duela- Cerré los ojos esperando la mordida fatal.

-         OH conejita que considerada – Abrió la boca, se acerco a mi cuello, pero no sentí mordida alguna. Sólo un pequeño beso, deje de temblar – Soy una serpiente, pero no soy desconsiderada; me has salvado la vida de una muerte terrible, no puedo comerte. Me iré señorita coneja, pero estoy segura que la veré de nuevo.

Y se alejo siseando, y yo me quedé, sorprendida, pasmada. Sin saber que realmente que esa, sería una de las miles de sorpresas que me traería más adelante, mi hermana serpiente.

.: Poneja :.


Corazón

Sábado, Junio 20th, 2009

Ángel estacionó su coche en la terminal de autobuses, acababa de oscurecer, no llevaba equipaje ni boletos ni prisa, sólo unos días pesados encima. Siempre que se hastiaba de todo, venía en busca de algo muy parecido a una terapia, esperaba que de alguna manera se le pegaran algunos de esos bonitos sentimientos que tiene la gente cuando va de viaje o lleva a un pariente o amigo al inicio de alguna travesía, se imaginaba que era él quien tenía un pasaje a algún lugar lejano y que alguien lo iba a esperar del otro lado. Se quedaba viendo los pequeños grupos de personas, imaginandoles amables y amorosos diálogos, les veía abrazarse y besarse, incluso les medía el cuanto se extrañarían unos a otros según la apertura de sus ojos y luego veía lo viejas que eran sus maletas. Se sentó en la sala de espera de las llegadas, esas siempre eran más alegres.

Una familia que abrazaba a su padre llegado de un viaje de negocios, los abuelos que recibían a su nieto para el verano; se fijó en un grupo de personas que se abrazaban muy seriamente, detras de ellos sale una chica, delgada, lindo cabello impecable, ojeras coquetas y unas cejas bastante pobladas. Le sonríe, le saluda y se dirige hacia él. Ángel se quedó tieso, no sabía cómo reacciónar, la chica seguía avanzando decididamente hacia él, apenas pudo preguntarse si lo estaría confundiendo cuando la chica lo abrazó y lo besó en los labios.

- Te he echado muchísimo de menos, no te imaginas. -Se quedaron mirandose a los ojos un par de segundos, él sin reconocerla y ella bastante alegre de verle.

- ¿Qué esperas? Vamos a casa -Tomó a Ángel de la mano, quien curioso y temeroso de romper el encanto se dejó llevar. Notoriamente sentía una atracción por esa mujer.

Subieron al auto y Ángel sólo condujo, no sabía si llevarla a su casa o que hacer ni hacia donde dar la siguiente vuelta, mucho menos se atrevía a decirle nada a la chica que tenía a su lado.

- ¿Algo anda mal? -dijo la chica mientras le clavaba en los ojos los suyos arrancandole del alma la respuesta.

- Sólo que estoy más que bien -Y dijo la verdad, condujo un par de minutos y la mujer señaló un motel.

- Vamos allá, a ese motel. Será lo mejor. -al terminar de escuchar estas palabras, Ángel sintió una opresión en el pecho, era la extrañeza de la situación, lo inverosímil de la situación, el caos.

Entró al motel, pidió un cuarto. Al entrar, la chica dice:

- Creo que no nos siguieron. Me doy un baño que huelo a viaje, orita platicamos bien. -El cada vez más confundido Ángel se quedó como piedra en medio del cuarto por un par de minutos intentando asimilar lo que pasaba, buscandole una explicación cuando vio el morral de la chica, lo dudó otro par de minutos y fue a curiosear. Miranda, venezolana, por lo menos eso decía su pasaporte. Parecía que la chica había estado por la mitad del continente en seis meses, le dió un escalofrío y regresó todo a su lugar. Se sentó en la cama hasta que Miranda salió del baño, se veía hermosa en esa bata, se sentó junto a él, parecía por cierto enrojecimiento de sus ojos que hubiera estado llorando.

- ¿Qué te contó Mario del grupo? -preguntó Miranda, a estas alturas Ángel ya estaba más que sofocado de la situación, de lo absurdo que todo se estaba volviendo y necesitaba respuestas.

- No sé nada, yo solo estaba en la terminal porque…

- Sí, entiendo -interrumpió Miranda-. Mario dijo que podía confiar en tí, así que te explicaré. Nos informaron que él pasaría por aquí en estos días.

- ¿Quién?

- Pues quien va a ser, el Amor. Ya sabes lo difícil que es encontrarlo, se creería que anda por todos lados pero casi nunca se deja ver. Los del grupo lo hemos estado buscando…

Mientras Miranda decía la sarta de tonterías con una seriedad de miedo, Ángel estaba a punto de reventar, se volvía loco por esa loca.

- ¿Y para qué lo quieren encontrar? -preguntó Ángel sorprendiendose al seguirle el juego.

- Para matarlo, acabar con el dolor y…

Y así siguió Miranda hablando por más de una hora, Ángel dejó de mirarla a la cara y se iba haciendo para atrás, lo más lejos que podía, buscaba esconderse. No dejaría que viera el brillo de amor en sus ojos, su naciente enamoramiento del que se estaba dando cuenta.

Después de la charla, Ángel se recostó en la cama. Habían sido demasiadas emociones, cerró los ojos. Miranda, calladamente apagó la lámpara y se acostó junto a él, lo abrazó hasta que se quedó dormido.

Ángel despertó un par de horas después por la voz de Miranda, quien discutía en la oscuridad por el teléfono. Seguía adormilado cuando sintió un par de manos huesudas que lo estrangulaban y le encajaban las uñas en el cuello.

Por reflejo empezó a patalear e intentar quitarse la sombra, arrojó a Miranda casi al otro lado del cuarto. Encendió la lámpara y se asustó al ver la cara de Miranda con los ojos casi desorbitados de violencia pero no de odio. En ese momento entendió que ella también había empezado a sentir algo por él, el beso en la terminal, el llanto en el baño; se reprimía, se reprendía, escondía la traición al grupo y su loca causa.

Mientras estaba distraido, Miranda tomó el cenicero de vidrio que estaba junto a la televisión y se lo lanzó pegándole en la frente. El golpe aturdió a Ángel lo suficiente como para no ver que Miranda se le acercaba, cuando le puso la mano en el hombro como arrepentida de lo que había hecho, Ángel le lanzó tremendo puñetazo que la noqueó. En ese momento se abrió la puerta de la habitación, entró un esquelético hombre que se hizo llamar Mario. Mario miró un par de segundos a Miranda, miró a Ángel a los ojos, sacó un bisturí de su abrigo negro y con una voz profunda y paternal dijo: “Sólo queremos tu corazón”.

Ángel ya no trató de escapar, ya no se resistió. Fue junto a Miranda, la abrazó y empezó a acariciarle el rostro, a jugar con su cabello. Casi no sintió cuando el bisturí lo empezó a cortar.


En la tienda

Jueves, Marzo 12th, 2009

No sabía lo que podría esperar, esa mujer era tan susceptible a los cambios que era imposible predecir el estado de ánimo de su enamorada. No la entendía, al igual que no entendía a ninguna otra mujer en este mundo, podía ser la mujer mas tranquila, exhalando un aire de paz que se transmitía a cada uno de sus huesos, pero en la cama, llena de pasión podía ser la mas feroz de las amantes, la mas exigente que encontrara, incluso, en algunas ocasiones había podido jurar que era ninfomanía.

 

La amaba con todo su ser, y esperaba encontrarse con ella aquella noche, aunque habían predicho que seria desde la tarde, sabia que su enojo iba en aumento a medida que se atrasaba mas por el maldito trafico, pero nada se podía hacer. Todavía se sentía un poco enfermo y mareado por la fiebre de la tarde que había causado aplazar un poco mas la cita. La encontraría en su trabajo, en una tienda donde pocas cosas se vendían, y parecía atraer mas amantes a su niña que clientela. Se le revolvió el estomago al volver a imaginar esa escena que venia atormentándolo durante días, su niña coqueteando con cuanto chico atractivo le dedicara una calida sonrisa.

 

Seguía sin saber que encontraría en aquella tienda, un gatito tranquilo esperando ser acariciado con ternura, o una fiera fuera de si, capaz de aséele el amor en ese mismo instante, sin importarle la clientela? No lo sabía pero no se sentía con ánimos de la fiera, las enfermedades no son buenas afrodisíacas, prefería una cama tibia y su mano acariciando su cabeza, sus mimos y su voz tranquilizándolo.

 

 ———————————————————————————————————————————————-

 

Sofía seguía aturdida, no había vendido nada y estaba aburrida. Se había vestido con un precioso vestido blanco transparente esperando atraer miradas ajenas que llenaran su lujuria y su egocentrismo. Miro a ambos lados de la calle, seguía sin haber nadie, solo el viento que acariciaba suavemente sus pezones tornándolos duros, y excitándola.

 

Llevaba tiempo esperando a su chico, se había enfermado, al menos se escuchaba así y había tardado mas de lo prometido. Quería que llegase pronto, encontrar esas manos que amaba tanto y que podrían calmar cualquier capricho con los que señora ardientemente en ese momento. Esa espera le molestaba tanto como el hecho de que no entrara nadie a la tienda. Se sentó frente al computador, a leer cuentos eróticos que llevaba ya un rato leyendo. Le fascinaba como esas palabras podían calentarle el cuerpo, como podían llenarle de caricias y contagiarle el calor escrito en ellas. Seguía pasando el tiempo, obscureciendo cada ves un poco mas.

 

Se levanto de su silla, al menos ya había más gente en las calles, que la miraban algunos con mirada perdida, otros con mirada llena de lujuria y sonrisa intrigante. Ella solo se limitaba a sonreír de vuelta, sintiendo su desesperación creciendo a cada momento. Sabia que el no sentiría el mismo fuego abrasador que sienta latir en su sexo, pero lo convencería de alguna manera u otra. También sabía que ni se imaginaba que su inocente gatita era ahora un tigre dispuesto a saltar a la menor provocación. Lo necesitaba, urgentemente.

 

Se sentía sola, expectante, caliente. Eso tenía que terminar ya.

 

.: Poneja :.


Deseos

Jueves, Febrero 26th, 2009

Ahí estaba, sola, luchando contra ese calor que golpeaba contra su entrepierna, haciéndola estremecerse de ves en cuando, sola en aquella tienda, si compañero alguno que pudiera colmar ese deseo que se había despertado en ella repentinamente. Deseaba con todo su ser, que alguien apareciera, al mismo tiempo al que rezaba por que nadie apareciese para no cometer ninguna estupidez por la embriagues del momento. No podía pensar mas, que en el sueño de que llegara algún amigo, la tomara en brazos y le robara ese beso que estaba escondido entre la comisura de sus labios, tratando de salir.

Y la llevara, lejos de aquel lugar que la tenia atrapada, para poder colmar su deseo, o que la llevara a la parte de atrás de la tienda para colmar ese deseo en ese preciso momento. Pero tenía que ser fuerte, arrancarle las ropas, arañarla, rasguñarla, que entendiera que también sentía la misma urgencia por esa caricia tibia, y su sexo.

 

Si los hombres pudieran leer la mente, habría no menos de 2 enfrente de ella en aquel momento, tratando de cumplir toda exigencia suya, colmando de placer su cuerpo como lo exigía en este preciso momento.

 

Seguía soñando con aquel que llegara, e iniciara la plática, y leyera lo escrito en estas hojas para poder besar y acariciar locamente. Suspirando miro la hora, todavía le faltaban dos horas mas de agobio, dos horas mas llenas de lujuria contenida, y de fervor en la sangre. No tenia mas remedio que esperar, tomar el tiempo en sus manos, y sonreír a todo hombre (o  mujer) que pasara enfrente, intentando decirle tanto en tan poco. Tratando de despertar ese mismo deseo que la mareara en aquel a quien dirigiese su sonrisa. Sabia de antemano, que nadie caería en su tonta trampa, solo lo utilizaba de escusa para seguir soñando, y estremeciéndose, con esa mano que sentía, que no existía, y que rogaba que llegara.

 

.: Poneja :.


¿Qué estás dispuesto a aceptar?

Viernes, Diciembre 12th, 2008

Siempre en martes es cuando empiezan las cosas entretenidas. Lo conocí en un bar de Polanco, era algo tarde, me invitó a bailar, todo un dios en la pista. Como era de esperarse terminamos en su departamento aventandonos el faje más espectacular de todo el universo. Estaba completamente dispuesto a dejarme cojer por este semental que trabajaba en un hospital. Me daba unos lametones especialmente entretenidos entre el escroto y mi ano que me hacían desear mucho más.

- Desnudate, quiero sentir todo eso de tí dentro de mi.

Me besó como pocas veces recuerdo que hayan sucedido, puso una muy torpe excusa y de algún modo me sacó de ahí. No entendí muy bien como había pasado, estaba suficientemente ebrio y realmente no había entendido nada de eso. Por suerte, me había alcanzado a dar su número telefónico para llamarle “solo en caso de emergencia”, recuerdo había dicho.

Obviamente este era un caso de emergencia, estaba malcogido.

- Quiero verte
- Yo no
- Por favor
- Creo que escuchaste la primera vez
- Por favor
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Todo de tí
- ¿todo?
- Por favor

Sencillo y burdo truco para seducirlos, siempre caen con ese diálogo. Llego a su departamento, no espero a que diga palabra alguna y en cuanto abre la puerta me lanzo sobre el como si la vida se me fuera en ello. Estaba obscuro, me sacó del lugar una vez más, no realmente entiendo como pero así pasó.

- Te necesito, de verdad te necesito
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Ya te lo dije, todo de tí. Por favor.

Me cita en su hospital a las once de la noche, no reniego y llego sin repelar. Lo veo y lo repliego a una de esas divertidas salas para parto que estaba libre ese día. Me sienta en la silla dispuesta para la futura madre y empieza la faena. Me besa, me muerde el lóbulo, lame mis labios y mi cuello, sigue bajando y desabotonando mi camisa. Llegas al botón de mi pantalón y me vuelve a preguntar:

- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- ¡¡¡ TODO DE TÍ !!!

Le grito y lo beso, supongo que es lo único que puedo hacer. Desabrocha el botón de mi pantalón con sus dientes. Me da la mejor mamada que haya tenido en toda mi vida. Dios sabe que no puede compararse. Termina limpiando los restos de semen que se escurrieron por la comisura de sus labios.

Lo tomo en vilo, no es tan ligero pero logro hacerlo. Lo arrojo al sillón de parto donde me acaba de hacer ver el cielo, paso mi lengua por todo él, por lo menos la parte exterior, voy desabotonandote la camisa con singular paciencia. Deteniendome a cada 5 cenimetros para disfrutarlo todo lo posible. Me acerco a mi deseado trofeo voy desabotonando su pantalón y me detiene en seco otra puta vez. Ahora ya no pienso aceptarlo, así me lo coja a la fuerza, hoy es el día.

Le doy un bofetón casi puñetazo que lo hace dudar, por alguna razón no grita, mejor para mí. Tomo sus manos y las ato con los cordones de seguridad que tienen esas sillas, no intentó luchar pero pude ver como se le escapaban unas cuantas lágrimas. Le ato los pies a los aditamentos pegados a la mesa dispuestos para tal fin, con una voz timorata y muchas más lágrimas me dice: “Por favor, no. Hay algo que necesitas saber”. Por supuesto que no le hago caso y con los brios y con la calentura que ya traía puesta, voy literalmente rompiendo toda su ropa. Finalmente llego a la parte que me interesa de él y con muy poco cuidado intento fallidamente romper sus pantalones, la única opción es quitarlos como es debido, no muy sencillo por la posición en la que lo dejé pero al final los pude quitar lo suficiente para tenerlo en boxers.

Acerco mi cara a sus boxers, voy pasando la lengua por lugares muy poco estratégicos. Cada vez su llanto se vuelve más molesto.

- Espera. – Me dice entre sorbidas nasales de moco y voz chillona entrecortada

Sabe que no me voy a detener, finalmente voy quitando sus boxers. Nunca había visto nada igual. No supe que hacer, la única cosa que no pude evitar fueron las arcadas y soltar un largo chorro de vómito que manchó mi tan, hasta hace un par de segundos, preciado trofeo. Ahora si escucho el llanto mucho más agudo, no puedo siquiera pronunciar palabra pero él toma la iniciativa en eso.

- Cuando era no muy chico, mis papás decidieron hacerme la circuncisión pero al doctor no sé que le haya pasado, hizo mal el corte y. – Ahí se soltó en inconsolable llanto.

Salí corriendo, intentó llamarme un par de veces esa semana pero no contesté entonces ni pienso hacerlo.


Un ruido en el pasillo

Sábado, Octubre 11th, 2008

Un ruido en el pasillo, la enorme sala alumbrada por una chimenea no hacía realmente emocionante el ir a revisar el oscuro pasillo para ver que el gato estaba molestando para entrar, bueno, nunca está de más ir a estirar un poco las piernas. Te levantas, rodeas tu cómodo sillón, directo a la puerta, sin dudarlo. Giras el picaporte y al abrir te recibe un sartén en la cara, apenas sientes como va fluyendo la sangre de tu ya rota nariz cuando te desvaneces al sentir el golpe de tu cuerpo contra el piso de marmol italiano que orgullosamente le presumes a todas tus visitas.

Despiertas amarrado al sillón y tres niños con disfraces de día de muertos frente a tí, supongo que esperando a que despiertes. Sigues mareado de sendo golpe de hace un rato, notas al pequeño frankenstein, un mini-drácula y una momia de bolsillo hecha de papel higienico. Tontamente preguntas qué es lo que quieren, después de un par de segundos de enfoque, reconoces a los peques. Jaime (jaimito) con el disfráz de Frankenstein, el hijo de la señora Ochoa, que se había conseguido un marido (la señora Ochoa) pudiente que por tradición había vivido toda su vida en esa colonia. José (chulito, nadie recuerda como se le había quedado ese mote), mini-drácula, hijo de los señores Ortega que después de pasar un muy mal rato en la devaluación del 94 pudieron salir adelante a base de comprehensión y mucho trabajo duro. Y finalmente Jorgito (sin apodo), hijo de los Morales, familia simple, todos usan lentes. Este grupo de pequeños monstruos solo gritan: “¡Venganza!”

Nunca esperaste todo esto, bueno, nunca realmente. Todas esas veces que ellos te pedían que les devolvieras las pelotas que caían en tu jardín, cuando los atrapabas saltandose la barda les arrojabas lo que tenías más a la mano. Sabías que no era muy bueno hacer eso pero ellos tampoco tenían derecho de arrojar cosas a tu propiedad, tu estabas en todo tu derecho. Hasta ahora, claro. Ahora realmente te arrepentías de haber lanzado todos esos males sobre los malditos niños, ahora realmente te arrepentías de no haberlos matado cuando tuviste la oportunidad.

Martillo directo a tus rodillas cortesía de la momia, gritas con toda el alma, solo escuchas risas. El mini-drácula se dedica a morder tu cuello hasta lograr hacerte sangrar, no demasiado, esperan divertirse un poco más contigo. El pequeño Frankenstein se dedica, con una paciencia sobre humana, a poner agujas bajo tus uñas, agujas en tus encias, agujas en tu naríz. Gritas pero nadie viene a ayudarte, hablar es bastante inútil y doloroso. Mini-drácula toma un leño ardiendo de tu chimenea y lo empieza a pasar por tu cara, intentando mantenerlo un poco más cerca de las agujas para que sientas el calor dentro de tu carne, finalmente te abren la boca y el leño ardiente termina en tu garganta ahogandote. Poco antes de que pierdas el conocimiento lo saca para seguir con el juego.

Te dejan descansar cerca de veinte minutos, descansar de su presencia porque las agujas te dañan demasiado al más mínimo movimiento. Se acercan con sus pequeñas y malévolas sonrisas, Frankenstein tiene ese maldito martillo, un golpe directo a tu estómago, apenas puedes respirar, la momia con un pequeño cuchillo empieza a hacerte pequeños cortes por todos lados, mini-drácula muerde donde han sido esos cortes y se relame la sangre. Ya estás desesperado, solo quieres que todo esto acabe, y como si te escucharan, deciden terminar con el juego de una vez por todas.

Mini-drácula toma un clavo y lo coloca sobre tu cabeza, Frankenstein Apunta el martillo y lo lanza en seco. De golpe despiertas, todo ha sido un sueño. Con la respiración más que agitada, suspiras profunamente aliviado, de repente un ruido en el pasillo.


“Se Busca chica…Info. Aqui”

Martes, Septiembre 23rd, 2008

Otro cuento que debo, ayer estaba platicando con un amigo y quien sabe de donde salio esa frase, lo cual a mi se me figuro como un exelente titulo para un cuento, asi que el escribio el suyo y yo el mio aqui esta el de él, espero que les agrade >.<


Yo y mi bocota, tenia que haberme callado, pero no, ya estaba desesperada y no podía continuar así, no entiendo realmente como termine en este enredo, solo recuerdo que en algún momento en una cita que tuve termine en casa de mi mejor amigo jugando x-box, y quejándome de todos los hombres del mundo, después de que mi hermano termino de escucharme, me dijo que conocía un buen lugar donde podría solucionar mi problema, y que en definitiva no era un putero.

Al día siguiente, después de una increíble pelea con mi hermano, termino obligándome a ir a ese lugar del que había hablado antes, así que dirección en mano me encamine hacia aya, era una especie de edificio viejo, con muchas oficinas en el, al entrar lo que mas me llamo la atención fue un tablón de anuncios enorme, una señorita salio a recibirme:

-Buenos días señorita, que puedo hacer por usted?

-A si claro perdone, buenos días, un amigo me envió a esta dirección, me dijo que mi problema de citas – me sentía como una entupida preguntando eso a una completa extraña

-Si, esta usted en el lugar correcto, mire puede buscar lo que quiera ahí – dijo mientras señalaba el tablón de anuncios

Voltee a ver el tablón, estaba llena de hojas de todos los tamaños posibles, y de todas las formas, me acerque y tome la primera hoja “se busca chica…info. Aquí” era todo lo que decía la hoja

-eh disculpe…-dije mientras me volteaba a ver a la señorita, que ya no se encontraba ahí

Salí de ese lugar sintiéndome aun más entupida, que clase de lugar era ese, que clase de anuncios eran esos, mire la hoja que todavía tenia en la mano y la tire. Que estupidez mas grande, alguien iba a pagar por eso!!

Me dirigí a mi cafetería preferida, la amaba tanto, tendía a un aire tan bohemio, aparte de que el café era delicioso, y tenía una excelente colección de pinturas que amaba verlas una y otra vez. Pedí un capuchino, y me senté en un sillón esperando, cuando me di cuenta que habían cambiado los cuadros, los cambiaban cada que se le ocurría al dueño, lo cual era estupidamente frecuente. Tome algunos sorbos de mi capuchino y me levante a ver un cuadro que me había llamado la atención

El cuadro era de un chico, que se acercaba a una chica con una sonrisa, en la cara de la chica se asomaba una pregunta en la sonrisa, a ninguno de los dos se les veía bien la mirada, me agradaba el efecto de aquel cuadro, a lado había una etiqueta con el nombre de este “Se busca chica…info. Aquí” no podía ser cierto eso, eso era un mal, mal chiste.

Corrí con la cajera y le pregunte el autor de aquel cuadro, y como podría comprarlo, a lo que ella saco una lista llena de direcciones y me dio una dirección, le di las gracias, Salí y pedí un taxi que me llevara para aya.

Llegue a otro edificio, a una especie de estudio lleno de cuadros parecidos al que vi en la cafetería, pregunte por el autor a una señorita que iba pasando por ahí y me encamino a otro cuarto, en donde encontré a un chico, como de 25 años, bien parecido, con todo la apariencia de artista, justamente en ese momento estaba pintando.

-Ajam…hola, disculpe- dije

-Ah, hola disculpe, estaba distraído, que puedo hacer por usted – dijo algo distraído, mirándome con cierto asombro

-Si, es que acabo de ver un cuadro suyo en la cafetería.. y quería…preguntarle- dije nerviosa

-Tomaste mi anuncio – Dijo con una sonrisa en la cara

- Si – Dije con una sonrisa de pregunta….

.: Coneja :.


Tus Ojos (Final Ponejil)

Martes, Septiembre 23rd, 2008

Como podia olvidar tus ojos, esos ojos que en los que me perderia todos los dias de mi vida, en los que podia vivir en mi sueño, mi uelo e estar siempre contigo, o almenos eso crei, hasta que llamaste, un ida como cualquier otro para decirme que te irias a vivir lejos, y que no querias seguir a mi lado.

No era posible eso, no podias quitarme lo que era mio por derecho, yo vi primero esos ojos, yo los ame, y solo devian de verme a mi.

Recuerdo que ese mismo dia, arranque el telefono de la pared, y cerre mi casa con llave, no volveria a ver tus ojos, no volveria ver los ojos de nadie mas, ni siquiera los mios propios.

Lo intenté, vaya que lo intenté, iba a tu casa armandome de todo el valor posible para tocar tu puerta y pedirte explicaciones. No funcionaba, al estar mi puño a cinco centimetros de golpear tu puerta me acobardaba.

Salía corriendo, llorando, pensando en todo lo que vivimos. Los atardeceres en la torre latinoamericana seguidos de una ópera en bellas artes, un paseo por los antros de insurgentes, la condesa.

Mi esquizofrenia iba creciendo dia con dia, incluso tuve que ir a ver a un psicólogo, muy pulcro, siempre de traje, me desagradaba en varios aspectos pero no veía otra solución. Me animaba a que te confrontara, hasta que lo logró.

Claro, no fue absolutamente nada agradable, en especial por que ese dia habia tomado como estupido…estupidamente tome el consejo del psicologo, claro el definitivamente no queria que tomara, mucho menos que llevara mi navaja…

Asi que después de la juerga, llege a tu casa y toque como desesperado hasta que logre sacarte de tus casillas y que bajaras a hablarme, despues de acusarte de todo lo que podia acusarte y de amenazarte, termine llorando en tus piernas, arrepentido de todo lo que habia dicho antes

Sabías que eso es lo que tenía que pasar, no podía ser de otra manera. Nunca he podido ser demasiado agresivo contigo, aunque también sé que eso es lo que quieres. Siempre termino disculpándome, arrodillandome y humillándome ante tí.

Me hinco y miro a tu cara, tus ojos, esos ojos que por derecho me pertenecen. No puedo pensar en otra cosa, tus ojos empiezan a llenar todos y cada uno de mis pensamientos, son lo único que puedo ver, son la única cosa en el mundo.

Te lanzo un grito desgarrador, sabes que no puedo quitar mi vista de tus ojos, me lanzo sobre tí, te sostengo contra el piso, te digo cuanto te amo, cuanto te necesito, cuanto necesito esa mirada por las mañanas mientras tienes tu cabello alborotado. Te necesito.

Te necesito tanto, digo entre sollosos, mientras tu inicias a llorar, no puedes estar llorando, no con esos ojos, no debes de ser tú triste, siento como algo dentro de mi se rompe, que el tiempo deja de girar, no puedo ver esos ojos, no de esa manera. Saco mi navaja, no me iré de aquí sin venganza, gritas horrorizada, era de esperarse, nunca me habias visto con algo con lo que pudiera hacerte daño en las manos, vuelvo a tus ojos, ahora hay miedo en ellos, y de nuevo siento frio mi cuerpo, no te voy a lastimar, lo prometo, digo en un suspiro

————————————————————–(aqui inicia el final alternativo)

Te tomo de la cabeza, mientras sigues llorando, ahora con mas fuerza, acaricio tu cabello, que también ame tanto, y lo corto, casi a rape, gritas, se que lo que mas amas de ti después de tus ojos es tu cabello, tu me arrebataste esos ojos, yo te cobro con tu cabello. Se que te lastimo con lo fuerte que te jalo, así es como me duele alejarme de tus ojos.

Tomo todo lo que queda de tu cabello, te beso a la fuerza, y salgo corriendo

Despierto en un hotel, con una cruda increíble, que había pasado ayer? Veo lo que quedo de tu cabello tirado alrededor mió, y la almohada llena de lagrimas, me entra una punzada de dolor en el pecho, que había hecho?, te había lastimado,,..Salí de la cama con un brinco, y me miré el espejo, estupido, era un estupido, rompí el espejo, me sangraban las manos, no me importaba, ya no importaba, me agacho y tomo un pedazo de cristal del suelo, y me corto mas la mano, me acuesto esperando que todo termine, ya no puedo verte, no después de lo que te hice, no después de todo, tomo tu cabello y lo beso… nunca mas…


Tus ojos (final alcoholico)

Martes, Septiembre 23rd, 2008

Como podia olvidar tus ojos, esos ojos que en los que me perderia todos los dias de mi vida, en los que podia vivir en mi sueño, mi uelo e estar siempre contigo, o almenos eso crei, hasta que llamaste, un ida como cualquier otro para decirme que te irias a vivir lejos, y que no querias seguir a mi lado.

No era posible eso, no podias quitarme lo que era mio por derecho, yo vi primero esos ojos, yo los ame, y solo devian de verme a mi.

Recuerdo que ese mismo dia, arranque el telefono de la pared, y cerre mi casa con llave, no volveria a ver tus ojos, no volveria ver los ojos de nadie mas, ni siquiera los mios propios.

Lo intenté, vaya que lo intenté, iba a tu casa armandome de todo el valor posible para tocar tu puerta y pedirte explicaciones. No funcionaba, al estar mi puño a cinco centimetros de golpear tu puerta me acobardaba.

Salía corriendo, llorando, pensando en todo lo que vivimos. Los atardeceres en la torre latinoamericana seguidos de una ópera en bellas artes, un paseo por los antros de insurgentes, la condesa.

Mi esquizofrenia iba creciendo dia con dia, incluso tuve que ir a ver a un psicólogo, muy pulcro, siempre de traje, me desagradaba en varios aspectos pero no veía otra solución. Me animaba a que te confrontara, hasta que lo logró.

Claro, no fue absolutamente nada agradable, en especial por que ese dia habia tomado como estupido…estupidamente tome el consejo del psicologo, claro el definitivamente no queria que tomara, mucho menos que llevara mi navaja…

Asi que después de la juerga, llege a tu casa y toque como desesperado hasta que logre sacarte de tus casillas y que bajaras a hablarme, despues de acusarte de todo lo que podia acusarte y de amenazarte, termine llorando en tus piernas, arrepentido de todo lo que habia dicho antes

Sabías que eso es lo que tenía que pasar, no podía ser de otra manera. Nunca he podido ser demasiado agresivo contigo, aunque también sé que eso es lo que quieres. Siempre termino disculpándome, arrodillandome y humillándome ante tí.

Me hinco y miro a tu cara, tus ojos, esos ojos que por derecho me pertenecen. No puedo pensar en otra cosa, tus ojos empiezan a llenar todos y cada uno de mis pensamientos, son lo único que puedo ver, son la única cosa en el mundo.

Te lanzo un grito desgarrador, sabes que no puedo quitar mi vista de tus ojos, me lanzo sobre tí, te sostengo contra el piso, te digo cuanto te amo, cuanto te necesito, cuanto necesito esa mirada por las mañanas mientras tienes tu cabello alborotado. Te necesito.

Te necesito tanto, digo entre sollosos, mientras tu inicias a llorar, no puedes estar llorando, no con esos ojos, no debes de ser tú triste, siento como algo dentro de mi se rompe, que el tiempo deja de girar, no puedo ver esos ojos, no de esa manera. Saco mi navaja, no me iré de aquí sin venganza, gritas horrorizada, era de esperarse, nunca me habias visto con algo con lo que pudiera hacerte daño en las manos, vuelvo a tus ojos, ahora hay miedo en ellos, y de nuevo siento frio mi cuerpo, no te voy a lastimar, lo prometo, digo en un suspiro

No te voy a lastimar y es verdad, me armo de valor y la navaja va directamente a mi ojo izquierdo, no puedo verte sufrir y es mejor no verte. Gritas nuevamente mientras el enorme chorro de sangre te cubre.

Me duele demasiado, pero no tanto como para soltarte, la sangre sigue cubriendote la cara, la ropa. Sigues gritando y te digo confeso que venía aquí por venganza, no podía soportar que alguien te hubiera dañado de esa manera, ni siquiera yo.

De cualquier modo, mi intención siempre fue protegerte de cualquiera que intentara hacerte daño, nunca pensé que alguna vez tuviera que protegere de mi mismo. Te veo, estas asustada de lo que yo pueda seguir haciendo, seguirte haciendo. No lo tolero, no me tolero. Mi respiración ya de por si agitada está a punto de parecer insoportable, no tolero haberte hecho eso, te beso con pasión, tienes ese sabor a hierro que tiene la sangre, me evitas, no tolero que esto deba ser así. Con la navaja, te corto el cuello, de lado a lado, ahora o soy quien se mancha con tu sangre, no importa, debe ser el néctar de los dioses que me baña por fin. te beso y ahora parece que no tienes fuerza para evitarme, con un dedo tomo un poco de tu sangre y la pruebo. Los dioses deben estar celosos de tu sabor.

Me tranquilizo y veo lo que hice, no soporto el hecho. Te maté, te maté. La navaja pasa de lado a lado de mi cuello. caigo sobre ti y el enorme charco de sangre que hemos hecho juntos. Juntos.


108 días (I)

Miércoles, Septiembre 17th, 2008

Introducción, que no tiene nada que ver con el cuento donde los amenazo para que empiecen a comentar:

Muy bien, ha llegado el punto crucial donde ustedes dan algo de retroalimentación al sitio. Por supuesto, no espero que sea algo gratuito, sino que espero darles algo a cambio. ¿que puedo tener yo que ustedes quieran? Una muy divertida imaginación y una amenza. Así que, empiezan a dejar comentarios o yo no dejaré de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono, no es broma. Aunque realmente creo que debería ser al revés, si, al revés es mejor. Empiecen a comentar o dejo de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono. Y ahora si, disfruten el cuento de hoy.


Estaba con los ojos vendados, en un sótano himedo, con las manos atadas a algo que debiera estar colgando en el techo, cadenas colgaban de mis pies, desnuda, con mi sexo ya lastimado por haber estado tantas horas sobre el borde de madera de algo que seguramente pasaría por un potro que se me encajaba miserablemente, intentando mantener el equilibrio lastimandome lo menos posible, cada movimiento era bastante doloroso. De repente escucho como se abre la puesta.

- Déjame salir.- Alcancé a refunfuñar poco antes de sentir un latigazo en los senos que me hace gritar.

- No te dí permiso para que hablaras.- Recalca mi amo, me da un par de nalgadas que casi me hacen perder el equilibrio.

- Ay minita, apenas llevas un día aquí, es normal que no te sientas a gusto aún, pero quedate tranquila que yo me voy a encargar de tí. Me encargaré de todas tus necesidades, tu alimentaci´n, tu aseo, tu goce, tu educación.- Decía mientras me pasaba una mano por el pelo y la otra acariciaba mi sexo, que con la sobre sensibilidad que me había dado el estar tantas horas sobre ese trozo de madera, me causaba daño hasta ese minusculo roce.

Intentaba moverme para esquivar su tacto, pero eso era mucho más doloroso. No tenía opción sino quedarme lo más quietecita posible. Me quitó las amarras de los brazos y me bajó del potro para lanzarme al pegajoso piso del sótano, caí boca abajo, intenté levantarme pero mis brazos no tenían fuerza y mi sexo lo sentía en carne viva, sin mencionar que todavía tenía la venda en los ojos.

Él se hinca y empieza a decirme palabras dulces, me empieza a pasar la lengua por las mejillas, por mis labios, mis lóbulos. Sigue lamiendo todo mi cuello, de arriba a abajo, continuando por el centro de mi pecho, por el canalillo entre nis senos, dejando que el azar decida su siguiente ruta, el azar marca mi pecho izquierdo, lo hace en espiral hasta llegar a mi pezón, lo lame en circulos por un largo rato. No ha metido ni las manos. Suavemente roza mi pezón con sus dientes, empieza a notarse mi respiración agitada, va aumentando la presión con sus dientes hasta que empiezo a sentir dolor, me quejo y se detiene.

- Te está gustando ¿verdad?. Me dice. Asiento con la cabeza.

- ¿Lo estás disfrutando?.- Vuelvo a asentir.

Me da sendo bofetón que me hace titubear. – Y ¿cúando me pediste permiso para disfrutarlo?.- Me dice casi gritando. Yo no entiendo nada, primero me atiende con tal suavidad y luego me golpea.

- Como esta es tu primera ofensa, será perdonada, pero aún así, has de entender que solo estás aquí para el disfrute de tu amo en turno, a quien le debes el mayor de los respetos, quien sea tu dueño no es solo eso, es tu dios. Tú no tienes el derecho sobre tu goce, ese también pertenede a tu amo. Puedes, si tu amo lo permite, disfrutar junto con él y como él te lo pida.- Me decía mientras acariciaba mi sexo.

- Pero ya aprenderás las reglas, que para eso estoy yo aquí.- Continuó mientras me iba introduciendo un dedo.

- Hoy será el entender que todo tu goce no es tuyo, aprenderás a controlarlo. Así que no quiero que por ningún motivo vayas a correrte. A menos que yo te diga que puedes hacerlo.- Decía mientras ese dedo se habían convertido en dos, escarbando en mí.

Me dió un par de golpes a palma abierta en mi coño y me llevó a gatas a través del sótano a otra habitación donde había una silla. La silla estaba en el centro de la habitación, tomó un par de cuerdas y me hizo sentarme ahí. Ató mis manos a mi espalda y mis pies en la silla de manera que toda yo quedaba a su disposición, ofreciendome.

Encendió un par de velas aromáticas que dejó a mi lado, sacó un par de consoladores y los dejó junto a las velas. Comenzó nuevamente su ataque. Me empezaba a pasar la lengua por el vientre, mientras me acariciaba los brazos, las piernas, los senos. Del vientre subió a mis pechos y nuevamente mordía mis pezones, ahora con más fuerza, intentaba no gritar.

Empezó a acariciar mi sexo con firmeza, me pasaba la lengua al rededor de los ojos, me mordia el cuello con la fuerza suficiente para que no gritara, me empezó a besar, a esasa alturas con la excitación que me había producido, no dudé en contestar ese beso como debía, seguía acariciando mi sexo intentando introducir un dedo.

Ese dedo se convirtió en dos, y el morreo que me estaba dando hacía bastante obvio que necesitaba más. Empezaba a sentirse el aroma de las velas. Me dejó para bajar con su lengua hasta mi sexo. Lo lamía lento, de arriba a abajo.

Luego en círculos, por un largo rato. Sus manos se entretenían con mis pechos. Finalmente se decidió a empezar con mi clítoris. Le daba pequeños estoques con su lengua para luego succionarlo con tal fuerza que apenas si podía contenerme, lo ponía entre sus dientes y sus labios haciendo una especie de vuelta que me estaba volviendo loca. Cuando notó que estaba a punto de venirme, se detuvo, me miró a los ojos y dijo. – ¿No te dije que no quería que te corrieras?

Me soltó un bofetón que me levantó con todo y silla.

- Ahora verás que no debes desobedecerme.- Decía. Yo solo podía llorar y gritarle que no me hiciera daño.

- Intentaste desobedecerme y eso te merece un castigo.- Decía con una malévola sonrisa.

- Déjame ir, te lo suplico.- Me calló con otro bofetón argumentando que tampoco le había pedido permiso para hablar. Tomó las velas y empezó a derramar cera caliente sobre mis senos, yo gritaba y al mismo tiempo era callada por su amenaza de que no siguiera o me iría peor.

Seguía derramando cera caliente sobre mis senos, inclinó un poco la silla para empezar a derramar cera sobre mi sexo. Grité y grité y el continuaba.

- Para que entiendas que no es broma. Y la próxima vez empieces a controlarte. ¿yá se te bajó la calentura?.- Me pregunta, era claro que si. Muevo la cabeza en forma afirmativa.

Me desata de la silla y me lleva a la pared del fondo, hay unos grilletes suspendidos y me los coloca, quedo viendo a la pared. Mis pies tambien son atados y quedan separados. Va por los consoladores y me los empieza a tallar por la espalda, por las nalgas, por las axilas, mi cuello. Lo hace con demasiada fuerza, me lastima. Se hinca y empieza a morder mis nalgas mientras no deja de pasar el consolador por todo mi cuerpo, con la otra mano empieza a separar mis nalgas y lame mi ano.

Lento y en círculos, me parece que tiene una afición por los círculos. Intenta introducir su lengua deja el consolador en el piso e introduce un dedo en mi vagina. Mete y saca el dedo, su lengua, introduce otro dedo en mi vagina, quita su lengua de mi ano e introduce un dedo. Muerde mis nalgas con violencia, grito y afortunadamente ahora no le ha dado tanta importancia.

Mete otro dedo en mi ano y saca los de mi vagina, toma el consolador y lo mete. Lo siento entrar y salir, se levanta y pasa una mano por delante pare seguir el mete y saca del consolador mientras que siento su miembro erecto entre mis nalgas. Continua largo metiendola en mi ano, sin descuidar el consolador y mordiendome el cuello. Mis jadeos son clara señal que otra vez estoy a punto de terminar.

Lo nota y me dice.- ¿quieres que te castigue otra vez por intentar correrte sin mi permiso?

- ¿puedo correrme esta vez? Amo, por lo que mas quiera, déjeme déjeme esta vez.- Le suplico.

- Ya vas aprendiendo, tienes mi permiso.- Al oir esas palabras me corro como contadas veces lo había hecho en mi vida.

El no se detiene, sigue metiendomela en el ano y con el consolador en mi vagina por un largo rato más. Llegó un punto donde no pude soportarlo y le grité que parara. Me calla con un par de nalgadas que me vuelven a hacer gritar y reconsiderar la opción. Finalmente termina dentro de mí. Agradezco que salga de mi cuerpo.

- Vas aprendiendo bien para ser tu primer día, pero no puedo tolerar que hayas osado darme la orden de que me detuviera. Por eso, te quedarás ahí hasta que hayas aprendido la lección.- Dice mientras sale del cuarto, dejandome con las manos y pies atados por grilletes.

De eso hace 3 días, solo viene para darme agua y algo de alimento, preguntandome cada vez si es que yo ya he aprendido la lección. Mis muñecas estan sangrando por los grilletes, es peor cuando me quedo dormida. Ya he aprendido la lección.