No sabía lo que podría esperar, esa mujer era tan susceptible a los cambios que era imposible predecir el estado de ánimo de su enamorada. No la entendía, al igual que no entendía a ninguna otra mujer en este mundo, podía ser la mujer mas tranquila, exhalando un aire de paz que se transmitía a cada uno de sus huesos, pero en la cama, llena de pasión podía ser la mas feroz de las amantes, la mas exigente que encontrara, incluso, en algunas ocasiones había podido jurar que era ninfomanía.
La amaba con todo su ser, y esperaba encontrarse con ella aquella noche, aunque habían predicho que seria desde la tarde, sabia que su enojo iba en aumento a medida que se atrasaba mas por el maldito trafico, pero nada se podía hacer. Todavía se sentía un poco enfermo y mareado por la fiebre de la tarde que había causado aplazar un poco mas la cita. La encontraría en su trabajo, en una tienda donde pocas cosas se vendían, y parecía atraer mas amantes a su niña que clientela. Se le revolvió el estomago al volver a imaginar esa escena que venia atormentándolo durante días, su niña coqueteando con cuanto chico atractivo le dedicara una calida sonrisa.
Seguía sin saber que encontraría en aquella tienda, un gatito tranquilo esperando ser acariciado con ternura, o una fiera fuera de si, capaz de aséele el amor en ese mismo instante, sin importarle la clientela? No lo sabía pero no se sentía con ánimos de la fiera, las enfermedades no son buenas afrodisíacas, prefería una cama tibia y su mano acariciando su cabeza, sus mimos y su voz tranquilizándolo.
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Sofía seguía aturdida, no había vendido nada y estaba aburrida. Se había vestido con un precioso vestido blanco transparente esperando atraer miradas ajenas que llenaran su lujuria y su egocentrismo. Miro a ambos lados de la calle, seguía sin haber nadie, solo el viento que acariciaba suavemente sus pezones tornándolos duros, y excitándola.
Llevaba tiempo esperando a su chico, se había enfermado, al menos se escuchaba así y había tardado mas de lo prometido. Quería que llegase pronto, encontrar esas manos que amaba tanto y que podrían calmar cualquier capricho con los que señora ardientemente en ese momento. Esa espera le molestaba tanto como el hecho de que no entrara nadie a la tienda. Se sentó frente al computador, a leer cuentos eróticos que llevaba ya un rato leyendo. Le fascinaba como esas palabras podían calentarle el cuerpo, como podían llenarle de caricias y contagiarle el calor escrito en ellas. Seguía pasando el tiempo, obscureciendo cada ves un poco mas.
Se levanto de su silla, al menos ya había más gente en las calles, que la miraban algunos con mirada perdida, otros con mirada llena de lujuria y sonrisa intrigante. Ella solo se limitaba a sonreír de vuelta, sintiendo su desesperación creciendo a cada momento. Sabia que el no sentiría el mismo fuego abrasador que sienta latir en su sexo, pero lo convencería de alguna manera u otra. También sabía que ni se imaginaba que su inocente gatita era ahora un tigre dispuesto a saltar a la menor provocación. Lo necesitaba, urgentemente.
Se sentía sola, expectante, caliente. Eso tenía que terminar ya.
Ahí estaba, sola, luchando contra ese calor que golpeaba contra su entrepierna, haciéndola estremecerse de ves en cuando, sola en aquella tienda, si compañero alguno que pudiera colmar ese deseo que se había despertado en ella repentinamente. Deseaba con todo su ser, que alguien apareciera, al mismo tiempo al que rezaba por que nadie apareciese para no cometer ninguna estupidez por la embriagues del momento. No podía pensar mas, que en el sueño de que llegara algún amigo, la tomara en brazos y le robara ese beso que estaba escondido entre la comisura de sus labios, tratando de salir.
Y la llevara, lejos de aquel lugar que la tenia atrapada, para poder colmar su deseo, o que la llevara a la parte de atrás de la tienda para colmar ese deseo en ese preciso momento. Pero tenía que ser fuerte, arrancarle las ropas, arañarla, rasguñarla, que entendiera que también sentía la misma urgencia por esa caricia tibia, y su sexo.
Si los hombres pudieran leer la mente, habría no menos de 2 enfrente de ella en aquel momento, tratando de cumplir toda exigencia suya, colmando de placer su cuerpo como lo exigía en este preciso momento.
Seguía soñando con aquel que llegara, e iniciara la plática, y leyera lo escrito en estas hojas para poder besar y acariciar locamente. Suspirando miro la hora, todavía le faltaban dos horas mas de agobio, dos horas mas llenas de lujuria contenida, y de fervor en la sangre. No tenia mas remedio que esperar, tomar el tiempo en sus manos, y sonreír a todo hombre (omujer) que pasara enfrente, intentando decirle tanto en tan poco. Tratando de despertar ese mismo deseo que la mareara en aquel a quien dirigiese su sonrisa. Sabia de antemano, que nadie caería en su tonta trampa, solo lo utilizaba de escusa para seguir soñando, y estremeciéndose, con esa mano que sentía, que no existía, y que rogaba que llegara.
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Ya que Sabines les dió entrada, pueden seguir con un disco hecho para coger, agarrar ambiente y no darle tregua a su personita especial. O sol@s, como mejor te acomode.
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Es una noche calurosa- el aire apenas se mueve – te sientes con dificultad para respirar … Un fino brillo de sudor cubre tu cuerpo, pero un peso aún mayor está sobre tí- Una fuerte urgencia parece venir desde lo más profundo de tu cerebro. Una pequeña, blanca luz cálida dentro de ti que crece, se hace más brillante y más brillante hasta que parece tener cada uno de tus pensamientos. Caminas lentamente sobre el armario / cajón / privado / caja y llegar a su interior, para alcanzar el objeto que te conduce. Sacas el objeto del cajón, caminas lentamente hasta la ‘máquina’ e insertas el objeto en ella. Mueves un pequeño interruptor, imágenes parpadean lentamente a la vida en la pantalla de la máquina y se transforma en el objeto de tus deseos y viene a la vida que se dibujan en las profundidades de tus fantasías. Una pulsación, conducida por el tipo de música que orquesta la intensa acrobacia en la pantalla. Estás preparado no sólo por las imágenes, sino también por la música, ese canto de sirena que te atrae más y más cerca a la realización de tu viaje. You have just entered ‘The Porn Zone’…
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Varios artistas hacen gala de su calentura para hacer Wakka Chikka Wakka Chikka vol. 2 Porn Music for the masses.
Siempre en martes es cuando empiezan las cosas entretenidas. Lo conocí en un bar de Polanco, era algo tarde, me invitó a bailar, todo un dios en la pista. Como era de esperarse terminamos en su departamento aventandonos el faje más espectacular de todo el universo. Estaba completamente dispuesto a dejarme cojer por este semental que trabajaba en un hospital. Me daba unos lametones especialmente entretenidos entre el escroto y mi ano que me hacían desear mucho más.
- Desnudate, quiero sentir todo eso de tí dentro de mi.
Me besó como pocas veces recuerdo que hayan sucedido, puso una muy torpe excusa y de algún modo me sacó de ahí. No entendí muy bien como había pasado, estaba suficientemente ebrio y realmente no había entendido nada de eso. Por suerte, me había alcanzado a dar su número telefónico para llamarle “solo en caso de emergencia”, recuerdo había dicho.
Obviamente este era un caso de emergencia, estaba malcogido.
- Quiero verte
- Yo no
- Por favor
- Creo que escuchaste la primera vez
- Por favor
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Todo de tí
- ¿todo?
- Por favor
Sencillo y burdo truco para seducirlos, siempre caen con ese diálogo. Llego a su departamento, no espero a que diga palabra alguna y en cuanto abre la puerta me lanzo sobre el como si la vida se me fuera en ello. Estaba obscuro, me sacó del lugar una vez más, no realmente entiendo como pero así pasó.
- Te necesito, de verdad te necesito
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- Ya te lo dije, todo de tí. Por favor.
Me cita en su hospital a las once de la noche, no reniego y llego sin repelar. Lo veo y lo repliego a una de esas divertidas salas para parto que estaba libre ese día. Me sienta en la silla dispuesta para la futura madre y empieza la faena. Me besa, me muerde el lóbulo, lame mis labios y mi cuello, sigue bajando y desabotonando mi camisa. Llegas al botón de mi pantalón y me vuelve a preguntar:
- ¿qué estás dispuesto a aceptar?
- ¡¡¡ TODO DE TÍ !!!
Le grito y lo beso, supongo que es lo único que puedo hacer. Desabrocha el botón de mi pantalón con sus dientes. Me da la mejor mamada que haya tenido en toda mi vida. Dios sabe que no puede compararse. Termina limpiando los restos de semen que se escurrieron por la comisura de sus labios.
Lo tomo en vilo, no es tan ligero pero logro hacerlo. Lo arrojo al sillón de parto donde me acaba de hacer ver el cielo, paso mi lengua por todo él, por lo menos la parte exterior, voy desabotonandote la camisa con singular paciencia. Deteniendome a cada 5 cenimetros para disfrutarlo todo lo posible. Me acerco a mi deseado trofeo voy desabotonando su pantalón y me detiene en seco otra puta vez. Ahora ya no pienso aceptarlo, así me lo coja a la fuerza, hoy es el día.
Le doy un bofetón casi puñetazo que lo hace dudar, por alguna razón no grita, mejor para mí. Tomo sus manos y las ato con los cordones de seguridad que tienen esas sillas, no intentó luchar pero pude ver como se le escapaban unas cuantas lágrimas. Le ato los pies a los aditamentos pegados a la mesa dispuestos para tal fin, con una voz timorata y muchas más lágrimas me dice: “Por favor, no. Hay algo que necesitas saber”. Por supuesto que no le hago caso y con los brios y con la calentura que ya traía puesta, voy literalmente rompiendo toda su ropa. Finalmente llego a la parte que me interesa de él y con muy poco cuidado intento fallidamente romper sus pantalones, la única opción es quitarlos como es debido, no muy sencillo por la posición en la que lo dejé pero al final los pude quitar lo suficiente para tenerlo en boxers.
Acerco mi cara a sus boxers, voy pasando la lengua por lugares muy poco estratégicos. Cada vez su llanto se vuelve más molesto.
- Espera. – Me dice entre sorbidas nasales de moco y voz chillona entrecortada
Sabe que no me voy a detener, finalmente voy quitando sus boxers. Nunca había visto nada igual. No supe que hacer, la única cosa que no pude evitar fueron las arcadas y soltar un largo chorro de vómito que manchó mi tan, hasta hace un par de segundos, preciado trofeo. Ahora si escucho el llanto mucho más agudo, no puedo siquiera pronunciar palabra pero él toma la iniciativa en eso.
- Cuando era no muy chico, mis papás decidieron hacerme la circuncisión pero al doctor no sé que le haya pasado, hizo mal el corte y. – Ahí se soltó en inconsolable llanto.
Salí corriendo, intentó llamarme un par de veces esa semana pero no contesté entonces ni pienso hacerlo.
Introducción, que no tiene nada que ver con el cuento donde los amenazo para que empiecen a comentar:
Muy bien, ha llegado el punto crucial donde ustedes dan algo de retroalimentación al sitio. Por supuesto, no espero que sea algo gratuito, sino que espero darles algo a cambio. ¿que puedo tener yo que ustedes quieran? Una muy divertida imaginación y una amenza. Así que, empiezan a dejar comentarios o yo no dejaré de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono, no es broma. Aunque realmente creo que debería ser al revés, si, al revés es mejor. Empiecen a comentar o dejo de escribir historias sexosas cada vez más subidas de tono. Y ahora si, disfruten el cuento de hoy.
Estaba con los ojos vendados, en un sótano himedo, con las manos atadas a algo que debiera estar colgando en el techo, cadenas colgaban de mis pies, desnuda, con mi sexo ya lastimado por haber estado tantas horas sobre el borde de madera de algo que seguramente pasaría por un potro que se me encajaba miserablemente, intentando mantener el equilibrio lastimandome lo menos posible, cada movimiento era bastante doloroso. De repente escucho como se abre la puesta.
- Déjame salir.- Alcancé a refunfuñar poco antes de sentir un latigazo en los senos que me hace gritar.
- No te dí permiso para que hablaras.- Recalca mi amo, me da un par de nalgadas que casi me hacen perder el equilibrio.
- Ay minita, apenas llevas un día aquí, es normal que no te sientas a gusto aún, pero quedate tranquila que yo me voy a encargar de tí. Me encargaré de todas tus necesidades, tu alimentaci´n, tu aseo, tu goce, tu educación.- Decía mientras me pasaba una mano por el pelo y la otra acariciaba mi sexo, que con la sobre sensibilidad que me había dado el estar tantas horas sobre ese trozo de madera, me causaba daño hasta ese minusculo roce.
Intentaba moverme para esquivar su tacto, pero eso era mucho más doloroso. No tenía opción sino quedarme lo más quietecita posible. Me quitó las amarras de los brazos y me bajó del potro para lanzarme al pegajoso piso del sótano, caí boca abajo, intenté levantarme pero mis brazos no tenían fuerza y mi sexo lo sentía en carne viva, sin mencionar que todavía tenía la venda en los ojos.
Él se hinca y empieza a decirme palabras dulces, me empieza a pasar la lengua por las mejillas, por mis labios, mis lóbulos. Sigue lamiendo todo mi cuello, de arriba a abajo, continuando por el centro de mi pecho, por el canalillo entre nis senos, dejando que el azar decida su siguiente ruta, el azar marca mi pecho izquierdo, lo hace en espiral hasta llegar a mi pezón, lo lame en circulos por un largo rato. No ha metido ni las manos. Suavemente roza mi pezón con sus dientes, empieza a notarse mi respiración agitada, va aumentando la presión con sus dientes hasta que empiezo a sentir dolor, me quejo y se detiene.
- Te está gustando ¿verdad?. Me dice. Asiento con la cabeza.
- ¿Lo estás disfrutando?.- Vuelvo a asentir.
Me da sendo bofetón que me hace titubear. – Y ¿cúando me pediste permiso para disfrutarlo?.- Me dice casi gritando. Yo no entiendo nada, primero me atiende con tal suavidad y luego me golpea.
- Como esta es tu primera ofensa, será perdonada, pero aún así, has de entender que solo estás aquí para el disfrute de tu amo en turno, a quien le debes el mayor de los respetos, quien sea tu dueño no es solo eso, es tu dios. Tú no tienes el derecho sobre tu goce, ese también pertenede a tu amo. Puedes, si tu amo lo permite, disfrutar junto con él y como él te lo pida.- Me decía mientras acariciaba mi sexo.
- Pero ya aprenderás las reglas, que para eso estoy yo aquí.- Continuó mientras me iba introduciendo un dedo.
- Hoy será el entender que todo tu goce no es tuyo, aprenderás a controlarlo. Así que no quiero que por ningún motivo vayas a correrte. A menos que yo te diga que puedes hacerlo.- Decía mientras ese dedo se habían convertido en dos, escarbando en mí.
Me dió un par de golpes a palma abierta en mi coño y me llevó a gatas a través del sótano a otra habitación donde había una silla. La silla estaba en el centro de la habitación, tomó un par de cuerdas y me hizo sentarme ahí. Ató mis manos a mi espalda y mis pies en la silla de manera que toda yo quedaba a su disposición, ofreciendome.
Encendió un par de velas aromáticas que dejó a mi lado, sacó un par de consoladores y los dejó junto a las velas. Comenzó nuevamente su ataque. Me empezaba a pasar la lengua por el vientre, mientras me acariciaba los brazos, las piernas, los senos. Del vientre subió a mis pechos y nuevamente mordía mis pezones, ahora con más fuerza, intentaba no gritar.
Empezó a acariciar mi sexo con firmeza, me pasaba la lengua al rededor de los ojos, me mordia el cuello con la fuerza suficiente para que no gritara, me empezó a besar, a esasa alturas con la excitación que me había producido, no dudé en contestar ese beso como debía, seguía acariciando mi sexo intentando introducir un dedo.
Ese dedo se convirtió en dos, y el morreo que me estaba dando hacía bastante obvio que necesitaba más. Empezaba a sentirse el aroma de las velas. Me dejó para bajar con su lengua hasta mi sexo. Lo lamía lento, de arriba a abajo.
Luego en círculos, por un largo rato. Sus manos se entretenían con mis pechos. Finalmente se decidió a empezar con mi clítoris. Le daba pequeños estoques con su lengua para luego succionarlo con tal fuerza que apenas si podía contenerme, lo ponía entre sus dientes y sus labios haciendo una especie de vuelta que me estaba volviendo loca. Cuando notó que estaba a punto de venirme, se detuvo, me miró a los ojos y dijo. – ¿No te dije que no quería que te corrieras?
Me soltó un bofetón que me levantó con todo y silla.
- Ahora verás que no debes desobedecerme.- Decía. Yo solo podía llorar y gritarle que no me hiciera daño.
- Intentaste desobedecerme y eso te merece un castigo.- Decía con una malévola sonrisa.
- Déjame ir, te lo suplico.- Me calló con otro bofetón argumentando que tampoco le había pedido permiso para hablar. Tomó las velas y empezó a derramar cera caliente sobre mis senos, yo gritaba y al mismo tiempo era callada por su amenaza de que no siguiera o me iría peor.
Seguía derramando cera caliente sobre mis senos, inclinó un poco la silla para empezar a derramar cera sobre mi sexo. Grité y grité y el continuaba.
- Para que entiendas que no es broma. Y la próxima vez empieces a controlarte. ¿yá se te bajó la calentura?.- Me pregunta, era claro que si. Muevo la cabeza en forma afirmativa.
Me desata de la silla y me lleva a la pared del fondo, hay unos grilletes suspendidos y me los coloca, quedo viendo a la pared. Mis pies tambien son atados y quedan separados. Va por los consoladores y me los empieza a tallar por la espalda, por las nalgas, por las axilas, mi cuello. Lo hace con demasiada fuerza, me lastima. Se hinca y empieza a morder mis nalgas mientras no deja de pasar el consolador por todo mi cuerpo, con la otra mano empieza a separar mis nalgas y lame mi ano.
Lento y en círculos, me parece que tiene una afición por los círculos. Intenta introducir su lengua deja el consolador en el piso e introduce un dedo en mi vagina. Mete y saca el dedo, su lengua, introduce otro dedo en mi vagina, quita su lengua de mi ano e introduce un dedo. Muerde mis nalgas con violencia, grito y afortunadamente ahora no le ha dado tanta importancia.
Mete otro dedo en mi ano y saca los de mi vagina, toma el consolador y lo mete. Lo siento entrar y salir, se levanta y pasa una mano por delante pare seguir el mete y saca del consolador mientras que siento su miembro erecto entre mis nalgas. Continua largo metiendola en mi ano, sin descuidar el consolador y mordiendome el cuello. Mis jadeos son clara señal que otra vez estoy a punto de terminar.
Lo nota y me dice.- ¿quieres que te castigue otra vez por intentar correrte sin mi permiso?
- ¿puedo correrme esta vez? Amo, por lo que mas quiera, déjeme déjeme esta vez.- Le suplico.
- Ya vas aprendiendo, tienes mi permiso.- Al oir esas palabras me corro como contadas veces lo había hecho en mi vida.
El no se detiene, sigue metiendomela en el ano y con el consolador en mi vagina por un largo rato más. Llegó un punto donde no pude soportarlo y le grité que parara. Me calla con un par de nalgadas que me vuelven a hacer gritar y reconsiderar la opción. Finalmente termina dentro de mí. Agradezco que salga de mi cuerpo.
- Vas aprendiendo bien para ser tu primer día, pero no puedo tolerar que hayas osado darme la orden de que me detuviera. Por eso, te quedarás ahí hasta que hayas aprendido la lección.- Dice mientras sale del cuarto, dejandome con las manos y pies atados por grilletes.
De eso hace 3 días, solo viene para darme agua y algo de alimento, preguntandome cada vez si es que yo ya he aprendido la lección. Mis muñecas estan sangrando por los grilletes, es peor cuando me quedo dormida. Ya he aprendido la lección.
Empezaba la primavera. Esa épocas en las que ves parejas reunirse no porque quieran conocerse, sino por esa misteriosa ecología que hace que funcione esta ciudad. ¿Amor a primera vista? pura mierda. Eso solo sirve para vender películas a niñatas que han sido maltratadas por los hombres en su vida y necesitan una retro-proyección de sus ideales masculinos porque no pueden aceptar que se les ha hecho tanto daño
que su única solución es la dulzura que no entienden que solo otra mujer puede darles.
Siempre te he mentido de que recuerdo como te conocí, estabamos demasiado drogados esa noche. Me gustaba creer que dios por fin me compensaba por todas las que me debía, cada que te veía era una nueva aventura, nos compenetrabamos tan sorprendentemente. Tú decías -Hola. Y yo sabía que significaba: “No digas nada, ha sido un día horrible. Vamos a tu cuarto a coger hasta que me cambie el humor o te desmayes, hoy no pienso ser amable”
Entrabamos en tu cuarto. Tu madre, supongo, se preguntaba (o se le antojaba) lo que hacíamos ahí dentro, durante tantas horas. Me besabas, a veces no me dejabas incluso respirar y tenía que apartarte, eso te molestaba mucho y me abofeteabas. Más que molestarme, sabías como me prendía que me golpearas, no podía gritar mucho pero si lo suficiente para que supieras cuanto me gustaba. Ya que veías que estaba sometido, me decías: “chúpamela”. De rodillas, como buena perrita que soy, iba hacia tí, te bajaba los pantalones y empezaba a lamerlo, con gusto, despacio, desde la base hasta la punta, una y otra vez. Mojaba mis labios con tu pre-sémen y así seguí por bastante rato hasta que me empezaba a doler el cuello.
Cuando empecé a bajar el ritmo, entonces, empezaba a notar tu exitación, eso me daba ánimos para seguir, sigo metiendomela en la boca, empiezo a sentir tus espasmos, susurras mi nombre: “esteban, ESTEBAN!!!!”. Te corres en mi boca, siento el sabor ácido y salado de tu esencia, lo trago como sé que te gusta.
Me levantas en vilo, siempre has sido musculoso y yo no soy precisamente robusto. Me arrojas a tu cama, rapidamente me quito la ropa. Recuerdo la última vez que no me la quité rápido, terminaste rasgandomela y luego yo no sabiendo como salir de tu casa con solo media playera y ni hablemos de los pantalones. Me quito la playera, me quito los pantalones. Me quedo boca abajo con los boxers, que sé que te encanta quitarme.
Te me acercas, siento tu alienteo en mi espalda, siento tus besos en mi espalda, lentos, delicados, sabes cuanto odio que te tomes tu tiempo, ahora soy yo quien te quiere denreo YA!!!.
Finalmente me das tregua y me quitas los boxers, muerdes mis nalgas, siento tu barba y me encanta. Me separas las nalgas con tus manos, lentamente empiezas a lamer mi ano, me encanta. Solo atino a retorcerme, me volteas y levantas mis piernas, me empiezas a dar la mejor mamada de mi vida mientras introduces un dedo en mi ano. Continua la mamada y ese dedo se convierte en dos, luego tres. Y aún así sigues dandome placer con tu boca. A cada vez que la chupas, siento tu barba raspando mis huevos, cada vez que notas que estoy a punto de correrme, bajas la intensidad para retomarlo con una sorprendente energía.
Me levantas en vilo otra vez y me dejas hincado en tu cama, dejandote una gran vista de mi culo, listo y completamente a tu disposición. Te grito en la medida de lo posible: “Mételo YA!!! YAAAA!!!”. Despacio, me besas el cuello y me dices: “No, no te la voy a meter”. Me consterno, me altero, pienso en golpearte, no puedes hacerme eso, me calientas para nada!!!. Mientras intento voltear y recriminarte, siento como me la metes de un solo empujón, eso no lo esperaba. Como te adoro. Doy un grito que estoy seguro que escuchó tu madre en el cuarto cruzando apenas el pasillo. Como te adoro. Me empiezas a dar tu virilidad de una manera ruda, varonil, sin compasión. Sabes que eso me encanta.
Me empiezas a dar con tal fuerza que apenas si puedo mantenerme callado, tomas mi verga y me empiezas a masturbar lentamente mientras me das la tuya con una rudeza sin igual, no entiendo bien como puedes tener tanto control.
Eyaculo una vez más sobre tu almohada y tu dentro de mí. siento tu semen en todos los intestinos, recorriendome, limpiandome. Terminamos rendidos, caigo sobre la cama y tú sobre mí, nos quedamos dormidos todavía yo con tu pene flácido dentro de mi culo.
Fué bastante fuerte, despertamos un par de horas después. Te digo cuanto te amo y tu te quedas callado, sé que lo dices pero no emites sonidos, no te es posible decir esas palabras en ese orden. Nos quedamos recostados y suena tu teléfono.
-Teléfono de Heberto, ¿quién habla?
-Andrea, ¿está Heberto por ahí?
-Si, te lo paso. Te paso el teléfono y noto como va cambiando tu expresión, noto ese brillo en tus ojos.
Mi cara empieza a desencajarse, la amas, LA AMAS!!! LA ODIO!!! Empiezo a golpearte, el teléfono sale volando por quien sabe donde. Me agarras los brazos y me pones contra la cama, me besas, me rehuso, lo sigues intentando hasta que me pones en una posición donde no puedo evitarte.
Correspondo tu beso, no me importa compartirte, no me importa que tus labios me sepan a veneno cada vez que sé que la ves a ella. Finalmente regresarás a mi.